AUTOR: Enrique Ramos Mejía

"Los Ramos Mejía".

Capítulos 6 al 19 solamente

pags. 36 a 113

Buenos Aires.

EMECE Editores.

1988.

- de un total de 272 pags.

 

VI

 

Ildefonso y Francisco en el Alto Perú

 

Por haber quedado incluido el Alto Perú en el Virreinato del Río de la Plata hasta allí alcanzaba la autoridad de los funcionarios residentes en Buenos Aires, y como los hijos de españoles podían ser nombrados en cargos municipales hacia allí partieron Ildefonso y Francisco a fines del siglo XVIII, desempeñándose bien pronto en Subdelegaciones de la Intendencia de La Paz.

Francisco había dado ya muestras de su inclinación por el estudio, como lo destacó el Deán Picasarri en el cer­tificado transcripto en el capítulo anterior, y en La Paz su­mó a su trabajo estudios de filosofía y teología.

Como ya se ha dicho, apenas llegado a Buenos Aires Gregorio contrajo matrimonio, y Francisco, aunque no in­mediatamente, siguió el ejemplo paterno casándose en La Paz a los treinta y dos años el 5 de mayo de 1804 con María Antonia Seguróla, mucho menor que él. La novia era hija de don Sebastián de Seguróla y Oliden, Brigadier General de los Reales Ejércitos y Gobernador Intendente de la Pro­vincia de La Paz, y de doña María Josefa Úrsula de Roxas,

que había fallecido al nacer María Antonia. Fueron padri­nos de la ceremonia Isidora Seguróla, hermana de la des­posada, y su marido, don Jorge Ballivián.

Según refiere Ángel Justiniano Carranza, el casamien­to de Gregorio con Cristina Ross y del Pozo "tuvo que vencer grandes resistencias y metió bulla en Buenos Aires por "la calidad de protestante de Mister Ross"1. Y a su vez, pero sin meter bulla, también hubo alguna dificultad para el casamiento de María Antonia y Francisco, lo que recono­ció Gregorio en una carta que le escribió el 30 de junio de 1804 a Antonio Olaguer Feliú, a quien había conocido cuando éste se desempeñó en Buenos Aires como Virrey in­terino durante los años 1797 a 1799- En ella dijo el padre de Francisco: "El 27 de este por la tarde tuvimos la noticia "como nuestro Francisco casó con Da. María Antonia Se­guróla, hija de Don Sebastián Seguróla, Gobernador In­tendente que fué de La Paz, el día 5 de mayo, de lo que "damos parte a V.E. así en nuestro nombre como del mis-"mo Francisco, porque así nos lo encarga. Aunque se in­terpusieron al principio algunos nubarrones, estos se disi­paron con los documentos que se remitieron con algunos "informes favorables, siendo uno de los que nos favorecieron Don Manuel Gallego"2.

¿Qué significaron esos nubarrones? Según Clemente Ricci, pudieron haber obedecido al hecho de que "ya en la ' 'fecha de su matrimonio la conciencia religiosa de Ramos Mexía estaba formada"3. Pero también pudo haberlos producido la circunstancia de que María Antonia era huér­fana y se hallaba al cuidado de su abuelo, Ramón de Roxas y Urueta, y es muy posible que éste hubiera querido cono­cer los antecedentes del candidato, sobre todo si tenía en cuenta que María Antonia heredaría una buena fortuna.

No es cierto que Sebastián de Seguróla y Oliden se hubiera casado "con una descendiente de una famosa princesa inca"4, Inés Yupanqui, hija de Tupac Yupanqui, y que de esa presunta unión haya nacido María Antonia. La verdad es que esa princesa se casó con Francisco de Ar-puero, conquistador del Perú y Regidor en Lima, conti­nuando la respectiva descendencia con sangre inca en cabe­za del descendiente de esa unión, Feliciano de Alquiza y Peñaranda que se casó con María Manuela de Foronda y Buluga el 22 de febrero de 1746. Y fue al enviudar que María Manuela se casó el 15 de agosto de 1760 con Ramón de Roxas y Urueta, naciendo así sin sangre ni ascendencia inca María Josefa Úrsula de Roxas y Foronda, que se casó el 25 de julio de 1786 con Sebastián de Seguróla y Oliden.

A los tres años, el 2 de setiembre de 1789, en la vecina Hacienda de Turrini próxima a la ciudad de La Paz Sebas­tián dio poder a su suegro, Ramón de Roxas y Urueta, para testar en su nombre. Debemos a José María Pico, gracias a una publicación realizada en 1955, copia de dicho poder, y en él, en cuanto interesa, declara Sebastián hallarse "en­fermo con un accidente grave" que "no me dá bastante "lugar para ocuparme ahora en hacer mi testamento, que "tanto conviene al descargo de mi conciencia, y temiendo justamente que por la suma debilidad que padezco me "asalte algún arrebato que me postre del todo y rinda la "vida", por lo cual otorga el referido poder; manifiesta que fue "casado y velado según orden de Nuestra Santa "Madre Iglesia con Da. María Josefa Úrsula de Rozas y Fo-"ronda, ya difunta" y que "durante el dho. matrimonio "procreamos dos hijas que ambas viven, la una llamada ' 'Isidora o Isidra de edad de veinte y cinco meses y la segunda nombrada María Antonia de poco más de catorce "meses"; a continuación hace referencia a sus bienes, entre los cuales figuran el producido de ventas de las ha­ciendas de San Agustín, Taipe y los Yungas que "existe "en Buenos Aires en poder de mi hermano Don Francisco "de Seguróla" y "también en Madrid en poder de mi "Apoderado Dn. Juan Bautista de Machain algunos pesos ' 'pero ignoro el número de ellos''; por último nombra albaceas a su suegro y a su hermano Francisco, "universales "herederas por el remanente de mis bienes, derechos y ac-' 'dones a dichas mis dos hijas legítimas Isidora y María Antonia para que los hayan y hereden por iguales partes con la bendición de Dios y la mía'' y tutor y curador de ellas a su abuelo Ramón De Roxas y Urueta.

            Sebastián de Seguróla y Oliden falleció en La Paz el Io de octubre de 1789, y en julio de 1790 recibió el Gober­nador Intendente de esa ciudad la siguiente comunicación despachada desde España por orden del Rey: "Excelentísimo Señor: En atención a los buenos y distinguidos méritos y servicios que el Brigadier de los Reales Exércitos "Don Sebastián de Seguróla contrajo en el discurso de "treinta y tres años principalmente en esas Provincias con ' 'motivo de las pasadas alteraciones en el sitio y toma de la "Colonia del Sacramento en el desempeño del Govierno é "Intendencia de la Provincia de la Paz, adonde ha falleci­do, ha venido el Rey en conceder a cada una de las dos hijas, Doña Isidora y otra hermana suia cuio nombre se ignora y deve hacerse constar a este Ministerio, doscientos pesos moneda de Yindias en cada un año sobre las Caxas ' 'Reales de la misma ciudad de la Paz durante su vida, lo "que participo a Su Excelencia de orden de su Magestad a "fin de que expida las convenientes a su cumplimiento".

Como se dice más arriba, Francisco y María Antonia se casaron en La Paz el 5 de mayo de 1804, y pocos días des­pués se expidió una segunda partida del matrimonio del si­guiente tenor: "Yo, Juan Chrysóstomo Vargas, vecino y "natural de esta Noble Ciudad, Escribano del rey Nuestro "Señor y su Notario Público en toda esta América Meridional, Islas y Tierra Firme, Certifico, Doy fé y Testimonio "de verdad a los Señores y demás que la presente vieren "Que el Señor Don Francisco Ramos Mexía se halla matrimoniado con Doña María Antonia de Seguróla y Roxas, "hija legítima del finado Señor Brigadier Don Sebastián "de Seguróla, Governador Intendente que fué de esta Pro-"vincia, y se mantiene en la actualidad en unión conyu­gal según expresamente consta de otra que dí por orden "del Señor Governador Intendente Don Antonio Burzengo y a pedimento del Albacea y Tutor Doctor Ramón de Mexiaca hacen meses y a que en caso necesario me remi-"to. Y para que conste donde convenga doy la presente en ' 'La Paz Capital de Provincia a los nueve días del mes de "Julio de mil ochocientos y quatro años".

Poco más de dos años después del casamiento perma­neció en La Paz la nueva pareja. Ildefonso, hermano mayor dé Francisco y que junto con éste había viajado al Alto Pe­rú y cuyo sueldo era tan escaso "que después de la oficina se metía en cama para comer y ahorrar ropa"5, le escribe por aquel entonces a su padre y le dice: "no podré nunca ' 'ponderar a Ud. lo mucho que se aman, principalmente "María Antonia, que no puede vivir un momento sin su marido con lo que estoy lleno de satisfacción'', y agrega: "estamos en camino para que dentro de seis años, si Dios "quiere, nos vayamos a esa ciudad en pasar en compañía "de todos los nuestros".

Pero el destino haría más breve la permanencia en el extranjero de los hijos de Gregorio.

 

 

VII

 

María Antonia y Francisco en Buenos Aires

 

Los seis años anunciados por Ildefonso para el regreso a Buenos Aires se acortaron sensiblemente.

Gregorio había enfermado de cuidado. Por ello asistió por última vez al Cabildo el 19 de setiembre de 1804, y en consideración a sus permanentes aprietos económicos se le concedió en la sesión del 22 de marzo de 1806, por iniciati­va del Síndico Procurador, una pensión vitalicia de tres­cientos pesos anuales.

Recibida en La Paz esa triste noticia, Francisco y María Antonia decidieron adelantar su regreso a Buenos Aires, adonde llegaron a fines de 1806 y con la alegría de que, al poco tiempo, el 7 de marzo de 1807, nacería el segundo hi­jo del matrimonio, José María, que fue bautizado por el Canónigo Saturnino Seguróla y el padrinazgo de Gregorio Ramos Mexía y Cristina Ross y del Pozo1.

Ildefonso permaneció un tiempo más en La Paz y a él le dieron poder Francisco y María Antonia para vender dos propiedades rurales. Una, llamada "Pillapi", situada en jurisdicción de La Paz, fue vendida a Francisco Sorzano, y la otra, "Santiago de Miraflores'', ubicada en el Partido de Chulumany, fue vendida a José Agustín de Arze, no sin haber solicitado previamente en Buenos Aires Francisco, con intervención del Defensor de Menores, la correspon­diente autorización judicial. En dicha petición declararon Francisco y María Antonia ser ' 'vecinos de esta ciudad y del comercio", que decidieron fijar en ella su residencia por sus mayores ventajas en comparación con la ciudad de La Paz y que se proponen vender las referidas propiedades por la imposibilidad de administrarlas desde Buenos Aires y no poder confiar en apoderados, pues, "por decidía personal", "se trastorna todo el orden y método del traba-"jo que se debe hacer en cada cosecha de cocales, se alternan las costumbres y los indios trabajadores resisten ya a "asistir al trabajo y a sus obligaciones en aquellos tiempos "y oras que son de costumbre, y quien save si en la dación "necesaria de avíos y satisfacción de sus jornales pueda ha-"ver también la misma alteración que perjudique la con-' 'ciencia de los dueños y exaspere el ánimo de los trabajadores, poniéndolos en la necesidad de desamparar sus radicaciones y andar errantes de lugar en lugar o de haden -"da en hacienda".

 

 

VIII

 

1806-1808

 

Gregorio no mejoraba su ya debilitada salud. Seguramente añoraba el paseo del estandarte real que había llevado a ca­bo cuando desempeñó el cargo dé Alférez Real y recorría con él las calles aledañas al Fuerte, adornadas con colgadu­ras los frentes de las casas e iluminados de noche los princi­pales edificios con lamparillas de aceite y velas de sebo, y también las ceremonias de besamanos en ocasión del cumpleaños del monarca reinante que tenía lugar en la se­de del gobierno y que concluía con una arenga de sumisión al Rey y un convite.

Pero lo consolaba el hecho de tenerlo de nuevo cerca suyo a Francisco y a su joven mujer, ya que sentía por ese hijo una especial predilección.

El 28 de abril de 1804 había asumido como noveno Virrey del Río de la Plata don Rafael de Sobremonte. Dos años después, derrotadas España y Francia por Inglaterra en la batalla de Trafalgar, quedó abierto el camino para que la ambiciosa Albión pusiera las proas de sus naves rumbo a Buenos Aires, y aquí se supo el 24 de junio de 1806 que se avistaban barcos ingleses frente a Quilmes. El desembarco no se hizo esperar, y al acercarse el invasor a la capital nada mejor hizo Sobremonte que hacer abandono de su cargo y huir a Córdoba, debiendo tomar en sus ma­nos la reconquista de Buenos Aires, Santiago de Liniers, jo­ven oficial francés al servicio de España que se hallaba a la sazón en Montevideo y que pasó a este lado del río para derrotar a los ingleses el 12 de agosto.

El Cabildo no fue ajeno a la victoria. Sus miembros permanecieron en Buenos Aires y aquel cuerpo "informó "al Rey de España que, apenas sabida en la ciudad la no­ticia del desembarco de Liniers, se electrizaron los ánimos, y, a pesar de la lluvia que cayó continuamente durante tres días, se poblaron los caminos de gentes que corrían, las unas a juntársele, las otras a llevarle provisiones, armas y municiones"1. Y el 14 de agosto, en sesión de neto corte revolucionario, el Cabildo, sin llegar a desti­tuir a Sobremonte, para lo cual no tenía facultades, desig­nó a Liniers gobernador interino de la ciudad reconquista­da. Fue al año siguiente que Liniers comenzó a actuar co­mo Virrey interino, y en tal carácter derrotó por segunda vez a los ingleses en junio de 1807.

El Cabildo también tuvo en esta ocasión un activo pa­pel, aunque asimismo sin la presencia de Gregorio. Lo que no cabe descartar es el apoyo de sus hijos en favor de la lu­cha contra Inglaterra.

Buenos Aires recobró la calma y la paz, turbadas por las dos invasiones, pero de todas maneras un nuevo pe­ríodo se iniciaría bien pronto en todo el territorio del Virreinato del Río de la Plata, pues españoles y criollos iban a dar comienzo al proceso que culminaría con la indepen­dencia de la madre patria.

En medio de esa calma inicial sintió Gregorio que su fin estaba próximo. El 15 de abril de 1808 renunció al car­go de Regidor ante el Escribano José Tomás Boyso en favor de su mujer, pero Cristina, incapaz legalmente de desem­peñarlo, lo renunció a su vez en favor de su hijo Francisco. Un gesto de amor conyugal la primera renuncia y una muestra de predilección filial la segunda.

Y el 12 de mayo, según consta en el respectivo acuer­do del Cabildo, "hizo presente el señor Alcalde de Primer "Voto haver fallecido el Regidor Decano Don Gregorio "Ramos Mexía, y que su hijo maior havía venido a convi-"dar al I.C. para el entierro que ha de hacerse el día de "mañana en la Iglesia de Santo Domingo. Y los SS. te­jiendo consideración al maior lustre y decoro con que ' 'hoy se halla el Cuerpo por el nuevo tratamiento que le ha "dispensado el Monarca, cuio maior lustre debe ser trans-"cendental a sus individuos, acordaron que sin embargo "de estar determinado que a exequias de esta clase concurra el Cuerpo sin masas ni varas, de hoy en adelante lo "haga con ellas, dando principio en la que están dispues­tas para el Regidor Decano difunto".

Gregorio había muerto el día anterior, 11 de mayo de 1808, a los 82 años. Le sobrevivieron su mujer y sus trece hijos, de los cuales, además de Francisco, se habían casado Hilario Gregorio con Josefa Artapala, Ildefonso con María Inés Basavilbaso, María Mercedes con Damián de Castro, Manuela Remigia con Benito González Rivadavia y María Dolores con Dámaso Bilbao la Vieja.

Aunque la personalidad de Gregorio y su actuación en el Cabildo han quedado reseñadas, cabría señalar que de él dijeron Enrique Udaondo que "fue un hombre ilustrado para su época", Torre Revello que "fue figura descollante en la Colonia" y José Antonio Pillado lo inclu­yó entre "los vecinos más expectables de la ciudad que to­maron asiento en los estrados del Cabildo".

 

 

 

IX

 

"Tapiales"

 

Después de la muerte de Gregorio poco tiempo vivieron Francisco y María Antonia en Buenos Aires. Habían conocido en ej Alto Perú lo que significan los halagos pero tam­bién los sinsabores de la propiedad rural, así como tam­bién la necesidad de una explotación personal. Es1 posible^ igualmente que influyera en su ánimo escapar de la monó­tona vida ciudadana y tomar contacto entonces con la naturaleza y con la aventura. O, por qué no, invertir el capi­tal con que contaban.

Haya sido una u otra la razón decisiva, lo cierto es que Francisco y María Antonia adquirieron en treinta y dos mil pesos fuertes el 25 de octubre de 1808 una extensión de tierra ubicada no muy lejos de Buenos Aires al Comisario de Guerra, Factor y Juez Oficial don Martín José de Altolaguirre, concretándose la operación mediante escritura pa­sada ante el Escribano don Mariano García de Echaburu. En ella consta que se compró ' 'una Chácara cita en el pago "de la Matanza, en la que están inclusos todos sus aprove­chamientos, como leña cortada, sus Casas, Orno de ladrilio, Arboledas, Cercos, seis esclavos negros, Ganados, "aperos, muebles, carretas y demás que con más expresión "se contienen en la abaluación o cómputo prudencial que "demuestra el papel que en foxas cuatro útiles firmado y "anotado por mí excivo al presente Escribano para que lo "agregue a esta escritura y por el en todo ebento haya la "Cuenta y Razón de quanto comprende a dicha Chácara", la que "se compone de tres milseiscientas varas de frente "al Sueste y cerca de tres leguas de fondo", como "se ' 'comprueba por los mojones de piedra que sin contradición alguna mantengo y a que en todo caso me remito", entre los cuales "se halla asimismo media legua de terreno "comprado a los herederos de Acosta". En esa "aba­luación" se hace referencia a "2.500 árboles de toda espe­cie", a los "edificios de havitaciones, almacenes, fábricas ' 'de aceite de linaza y de ladrillo'', "6 esclavos negros Manuel, Teresa su mujer, Flores, Juan, Farías y Agustín, los "cuales se ponen a 50 pesos cada uno con derecho de poderse libertar en este precio cuando puedan".

            Cabe señalar que esta extensión de tierra tenía una larga historia, ya que "tuvo su origen en una merced real "otorgada en 1615 por Hernando Arias de Saavedra a fa-"vor de Pedro Gutiérrez, conquistador español llegado a "Buenos Aires en 1599 en la expedición del Gobernador "Diego Rodriguez de Valdéz y de la Vanda"1, habiendo figurado Gutiérrez "ya en 1611 entre los vecinos y morares de dicha ciudad que sembraban trigo y maíz en el pago de La Matanza"2. A la muerte de Pedro Gutiérrez la chacra pasó a manos de su hijo Luis y después a otros herederos y a sucesivos adquirentes, hasta que el 18 de agosto de 1781 sus propietarios la escrituraron en favor de Martín José de Altolaguirre, quien la conservó hasta venderla a Francisco Ramos Mexía el citado día 25 de octubre de 1808.

La casa primitiva se componía de dos habitaciones, co­medor y dependencias, agregándosele en tiempos de Fran­cisco y María Antonia un alto mirador y rehabilitándose además su vieja capilla, desde la cual debe haber iniciado Francisco su prédica religiosa a tono con el trato dispensado a los indios que vivían en el lugar y en la cual se llevaron a cabo bautismos y casamientos, entre estos últimos el de "los negros Juan y María, esclavos de Pancho Ramos, ben­decido por el padre Castañer el 12 de diciembre de 1811, "apadrinados por sus amos"3.

            La escritura cuya parte substancial queda transcripta contenía a continuación algunas referencias a guisa de in­ventario, y es así como se sabe que algunos "cercados" se componían "de tapias de tierra revestidas por los dos lados con tunas", modalidad de la cual debe de haber derivado el nombre de la chacra: "Tapiales", y también cuáles eran los útiles existentes en la cocina, en la lechería, en la pulpe­ría y en poder del mayordomo, pudiendo citarse, entre otros, un "cepo con cerradura", "yugos", "cuartillas de medir trigo", ''banco para hacer quesos'', ' 'máquina para hacer manteca", "jarros de oja de lata'', "tabla de mostrador con sus cajones", "balanza de cobre con 2 pe­sas", "una campanilla de resorte con una querda para lla­mar criados", "2 carretas toldadas y 2 chicas de caballo". Además de dicha referencia a ' 'cuartillas de medir trigo'', reveladora de tareas propias de la agricultura, también se hizo referencia a la existencia de "336 cavesas de Ganado Vacuno", "53 Bacas Lecheras", "134 Obejas", "51 ca­ballos mansos", y "110 Bueyes mansos", demostrándose así que la tierra era también apta para la ganadería, lo que confirmó el Regidor Fiel Ejecutor al comunicar al Cabildo haber inspeccionado algunos campos "para ver si eran capaces de mantener en la estación de Imbierno de mil y "quinientas a dos mil Cabezas de ganado bacuno con des­tino a proveer de carne a la Ciudad en los casos de ca­restía originada por las muchas aguas ú otros accidentes "imprevistos, y que este reconocimiento lo practicó en ' 'consorcio de varios peritos en la materia'', presentando al respecto una propuesta que consideraba "muy ventajosa "para llevar adelante que se reducía a tomar en arrenda-" miento a Don Francisco Ramos Mexía y a Don Joaquín "de Madariaga los Potreros de sus respectivas propiedades "que pueden asegurarse suficientemente con poco costo y "en los quales hay pastos sobresalientes y abundantes, "aguadas permanentes, reparo para el ganado en la estación de Imbierno en los grandes inojales que tienen, y sobre todo se hallan tan a mano que en cualesquier urgencía en tres o quatro horas a lo sumo se va y trahe el gana-"do necesario para servir al Público, aunque sea la estación "muy rigurosa".

Ramos Mexía y Madariaga fueron citados para con­currir al Cabildo, pero no hay en los libros capitulares noti­cias acerca del curso seguido por tal propuesta.

Pero no fueron las aludidas las únicas tareas agrope­cuarias desarrolladas en "Tapiales". Se contaba también con una panadería, y, ante el pedido de Francisco de ser dispensado del pago de la correspondiente contribución al gremio, resolvió el Superior Gobierno el 8 de enero de 1814 acceder a ello, no sólo "por la cortedad de sus amasijos destinados a su familia y al despacho de una Pulpería "que mantiene en lugar separado de toda comunicación ' 'por lo que ningún perjuicio puede inferir a los restantes "Panaderos", sino también "por los interesantes y apreciables serbicios que ha hecho y hace en la actualidad "al Estado, que demandan a su labor las mejores consideraciones".

Y siempre en relación con esa actividad de Francisco cabe señalar que el 13 de octubre de 1815 se dirigió al mis­mo Gobierno desde su "chácara" proponiendo algunas medidas "para la conservación de los Caballos que hoy "se colectan de donativo para la Caballería Cívica, los cua-"les ni caben en el Potrero ni este es capaz de proporcionarles los pastos y aguadas necesarias", por lo cual en su opinión "se deben separar al momento los inútiles, por-"que quanto más se demore esta operación tanto más pesada se hace, y hecha esta operación, los unos se remiten "sucesivamente a la Estancia del Estado y los otros se con­servan provisionalmente en el Potrero y mientras se mar-"can y se rabonan, quedando cincuenta Caballos a disposición del señor Coronel de Cívicos de Caballería y los otros "se pueden llevar a mi Estancia frontera de los Indios, "donde necesito tres hombres de confianza pagados con "veinte y cinco pesos cada mes y a mi disposición, los cuales tres hombres servirán en el Regimiento solo en el caso "de invasión de Enemigos".

Tampoco se conoce la decisión que la autoridad supe­rior pudo haber tomado al respecto.

            Francisco y María Antonia residieron poco tiempo en "Tapiales", pues muy pronto se instalarían en un campo al Sur del Río Salado adquirido más adelante, regresando a ' 'Tapiales'' en forma definitiva y hasta el fallecimiento de Francisco a consecuencia de acontecimientos que en su mo­mento serán relatados.

 

 

X

 

Francisco en el Cabildo

 

El hecho de que Francisco no fuera vecino de Buenos Aires no hizo que fuera un extraño a los sucesos revolucionarios y políticos que ocurrieron en su seno, y bien pronto, en el curso del año 1810 iba a comenzar para él un breve período de actuación pública.

La revolución había encontrado naturalmente una sorda pero vigorosa resistencia por parte de Alcaldes y Re­gidores que se mantenían fíeles a la autoridad española, por lo cual la Junta que había surgido de esa revolución se vio obligada a detener y a conducirlos al interior del país el 16 de octubre a Juan José de Lezica, Martín Gregorio Ya-ñez, Manuel José de Ocampo, Juan de Llano, Jaime Nadal y Guarda, Andrés Domínguez, Santiago Gutiérrez, Julián de Leyva y Tomas Manuel de Anchorena, aunque éste, a instancias de Juan José Passo, pronto quedó liberado.

            El Cabildo, a raíz de la correspondiente comunicación de la Junta, se reunió al día siguiente a las diez de la maña­na "a fin de recibir juramento y dar posesión a los Señores "individuos electos en lugar de los que anteriormente componían el Ayuntamiento y fueron expulsados la no-"che de ayer". A tal efecto se hicieron presentes en la Sala Capitular el Presidente de la Junta don Cornelio Saavedra, los Vocales Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti y Juan Larrea y los Secretarios Juan José Passo y Mariano Moreno, comenzando la sesión con la lectura de dicha comunica­ción, según la cual "exigiendo el orden público la remoción de los Individuos que formaban ese Excelentísimo ' 'Ayuntamiento por los repetidos ultrajes que han inferido "a los derechos de este Pueblo, y residiendo en esta Junta "una representación inmediata del Pueblo, que la constituye órgano legítimo de su voluntad, ha separado a los "expresados Capitulares con expresa declaratoria de que jamas puedan ejercer cargo concegil en esta Ciudad ni en "ninguna otra de su distrito; y en su lugar ha nombrado a "nombre del Pueblo a Don Domingo Igarzabal, Don "Anatasio Gutiérrez, Don Manuel Aguirre, Don Francisco "Ramos Mexía, Don Ildefonso Passo, Don Eugenio Balbastió, Donjuán Pedro Aguirre, Don Pedro Capdevila, Don Martín Grandoli, Donjuán Francisco Seguí y "Don Manuel Villegas, deviendo los expresados Señores "jurar al Pueblo ante la Junta que sostendrán con dignidad su representación, que guardarán sus derechos y que ' 'promoverán su felicidad atacada hasta ahora por los mismos que devían interesarse en su fomento".

Concluida la lectura y recibido el juramento, se trasla­daron todos a la Fortaleza, y el mismo día por la tarde se reunieron en el Cabildo para tomar posesión de sus cargos, correspondiéndole a Franciso el de Defensor de Menores, desempeñando también más adelante el de Alférez Real, que curiosamente se mantenía después de la Revolución de Mayo, y desde mediados de 1815 el de Alcalde Provincial.

Durante los dos primeros años a partir de su nombra­miento asistió Francisco regularmente a las sesiones del Ayuntamiento, participando en la decisión de importantes asuntos concernientes al gobierno de la ciudad. Por lo que significa como anticipo de ideas que expondría años des­pués, cabe recordar su intervención en la sesión celebrada el 8 de noviembre de 1811 en la cual se consideró el decre­to del Gobierno sobre libertad de prensa y la designación por el Cabildo de nueve personas de una lista de cincuenta para integrar la Junta Protectora de la Libertad de Impren­ta. El acta respectiva transcribe en los siguientes términos el parecer de Francisco: "En este estado expuso el Señor "Don Francisco Ramos que su dictamen era que se debía "reclamar ante el Superior Gobierno para que no se haga ' 'novedad en quanto a las Leyes establecidas sobre revisión "de doctrinas que ataquen en cualquier modo a la Reli­gión, porque el presente Gobierno, en la mejor opinión, ' 'no puede ser más que la execución fiel de la expresión general de los Pueblos en cualesquiera de los actos públicos "que han precedido que descansen sobre esta necesidad "aun quando no se mirase más que políticamente, y el "Gobierno mismo lo ha declarado a cada paso; que todos "están persuadidos de la agonía política de la Patria, al "memos por los síntomas visibles que lo convencen que "brazos de gigantes duendes evaden o corrompen quantos "remedios se adopten, contra los que ¿donde está esa rara "felicidad de decir lo que se siente?. ¿A qué pues abandonar a la suerte ninguna discusión religiosa en los muchos "casos que resultarán de la Imprenta libre?. Se siente que "si se destruie de aquí a mañana nuestra Religión, también de aquí a mañana serán los Pueblos del Extranjero".

            Francisco dejó de actuar en el Cabildo en el curso de 1816, no asistiendo regularmente durante ese año a las se­siones. Concurrió a la celebrada el 8 de marzo, en la cual se opuso sin éxito a que se remitieran a los Diputados por Buenos Aires al Congreso de Tucumán copias del Proyecto de Estatuto acordado por el Cuerpo porque "era uno de "los asuntos particulares con que no debían distraerse por "estarle prohibido por sus mismos poderes". También se hizo presente en la que tuvo lugar el 4 de abril, en cuyo transcurso, aunque igualmente sin éxito, propuso que el Cabildo se dirigiera al Director Supremo "a fin de que se "declarara del modo conveniente si desde el día queda en 'vigor y fuerza el Estatuto Provisional''. Y por último se le vio en la del 23 de setiembre, en la cual se acordó incluir en los libros de actas una constancia de la jura de la Indepen­dencia llevada a cabo el día 13 en la Plaza Mayor.

 

 

XI

 

Más allá del Río Salado

 

            El paso de Francisco por los escaños del Cabildo, como se ha visto, fue breve. Una atracción telúrica lo iba a llevar a tierras más lejanas que las de "Tapiales", situadas a la orilla del Río Matanza. Esas nuevas tierras eran más inhós­pitas, y en ellas el hombre blanco sólo se podía afincar si llegaba, no en son de guerra, sino con las armas espiri­tuales de la paz y la convivencia. Francisco había vivido en el campo, primero en las afueras de La Paz, después cerca de Buenos Aires, hacia el oeste, y en 1811 su rumbo toma­ría hacia el sur, más allá del Río Salado, hacia tierras ocu­padas por los indios, hacia la "pampa", voz quichua que significa "campo abierto".

La frontera hacia allá la protegía el Fortín establecido en 1779 por decisión del Virrey Vértiz en Chascomús, pun­to desde el cual la vigilancia alcanzaba hasta la margen iz­quierda del Río Salado, que en aquel tiempo constituía la línea demarcatoria que los indios no podían traspasar.

            Los blancos sí la habían traspuesto mucho antes de 1811, pues ya a consecuencia del régimen de repartición de tierras dispuesto por Juan de Garay en 1580 en ocasión de la segunda fundación de Buenos Aires, el primitivo empla­zamiento de estancias entre el Río de la Plata y Magdalena se extendió a la margen derecha del Río Salado, en una zo­na en la cual, pese a las disposiciones reales que obligaban a mantener un buen trato con los indios, la relación entre éstos y los blancos fue extremadamente belicosa. Fue en­tonces en 1740, aunque por iniciativa no de ambiciosos es­tancieros sino de misioneros jesuitas, que quedó fundada en esa margen derecha una reducción con el nombre de Nuestra Señora de la Concepción, cuya tarea de evangelización, fructífera en sus comienzos, no pudo superar sin embargo el duro enfrentamiento entre blancos e indios y quedó frustrada pocos años después.

Pero el camino quedó abierto, y en 1761 se instaló en el mismo sitio don Clemente López Osornio y fundó allí una estancia conocida con el nombre de "Rincón de Ló­pez" . Según Moncaut, más de diez años duró la conquis­ta" y "poco a poco, frente a la amenaza continua de los salvajes, logró formar su estancia", encarnando López Osornio "el tipo rudo del estanciero militar que pasó la vi­da lidiando para conquistar palmo a palmo la pampa y do­minar a los salvajes infieles"1.

A comienzos del siglo XIX también incursionaron por aquella región al sur del Salado Luis de la Cruz en 1806 y Pedro Andrés García en 1810, debiendo destacarse que, en contra del parecer y de la actitud de López Osornio, sostu­vo García que era conveniente mantener con los indios una relación pacífica como el mejor medio de incorporarlos a la vida civilizada.

Francisco también decidió arriesgarse por las mismas latitudes, y en una fecha no conocida de 1811 salió de "Tapiales" en compañía de baqueanos y de la inapre­ciable ayuda de José Luis Molina, quien, por su condición de gaucho y lenguaraz, era la persona indicada para actuar como mediador ante los indios en las condiciones humani­tarias de acuerdo con las cuales pensaba conducirse Francis­co. El viaje se hizo en carretas, "curioso vehículo cuya caja "tosca y cubierta por un techo de cueros de toro se asen­taba sobre dos enormes ruedas propicias para el tráfico "sobre los interminables y desnivelados caminos de tierra"2, expuesto naturalmente a la lluvia y al viento y sin la comodidad de la galera y de la volanta, y es de presumir que los viajeros hicieron noche en el Fortín de Chascomús y vadearon el Río Salado no muy lejos de su desembocadura por un paso natural llamado "El Callejón", punto en el cual, según el Padre Tomás Falkner, el río se ensancha mucho y corre tan poca agua que no alcanza a los tobillos.

            Agustín de Elía, bisnieto de Francisco, escribió sobre su antepasado unos apuntes aún inéditos, y en ellos descri­be así ese primer viaje: "Seis o siete días después de partir "llegaron a la laguna de "Kakel-Huincul'', que era el ' 'punto más estratégico para acampar y desde donde se di­visaban las lomas de "Ailla-Manuida" y, con la atmósfera clara, también las diez lomas de "Mari-Huincul". "Las tolderías principales estaban en "Ailla-Mahuida", y ' 'hacia ellas fue despachado Molina para tratar de ponerse "al habla con los caciques y decirles que don Francisco "deseaba entrevistarlos. Seguramente debieron enviar "gente para ver de qué se trataba, y cuando comprobaron ' 'que los cristianos eran muy pocos y que no se trataba de ' 'una estratagema para sorprenderlos fueron, antes que nada, por curiosidad. Se efectuó la entrevista, y en ella "don Francisco les hizo saber que había llegado hasta allí ' 'para ver una tierra que compraría al Gobierno y que, una "vez que la viese, si ellos estaban conformes formalizaría la compra, y de lo contrario volvería a su campo en la costa del Río Matanza, donde vivía con su familia y trabajaba. Salieron a revisar la zona con algunos caciques y capitanejos y volvieron después a "Kakel-Huincul'', donde "nuevamente se habló del asunto con mayores detalles, diciéndoles don Francisco que no sólo compraría las tierras "al Gobierno sino que no tendrían por ello que dejar las "tolderías de "Ailla-Mahuida", sino que él haría poblaciones tres leguas de allí y que si se entendía con ellos "regresaría de su campo cerca de Buenos Aires con su familia para vivir allí, lo que demostraba que su propósito "era vivir en paz, que les facilitaría mejor vivienda y les "enseñaría muchos trabajos que había aprendido en su "campo".

            Así convenida la relación con los indios, en términos amistosos. Francisco comenzó a edificar su futura vivienda, que en recuerdo de la antigua propiedad de María Antonia cerca de La Paz se llamaría "Miraflores". Según Eduardo Olivera, "el estanciero en sus comienzos vivía muy pobre-"mente: el caserío de la estancia componíase generalmente "de uno o más ranchos de barro con dos o más aposentos, "cocina con fogón en el centro y techados de paja de espadaña o de puna, según su ubicación; en la cocina congregábanse patrón y peones después de las faenas del dia 'para churrasquear y tomar mate en democrática camaradería. Así el estanciero de abolengo, en su hidalga "sencillez tenía sus afinidades de costumbres con el peón "y el gaucho, en cuyas manos estaba su vida, dada la gran "distancia que generalmente separaba a las estancias de "la ciudad"^. Y así fue la primitiva casa-habitación edifi­cada en "Miraflores" que Francisco hizo construir cerca de la laguna de "Kakel-Huincul" y de las lomas de "Mari-Huincul" en un campo suavemente ondulado que permi­tía divisar hasta muy lejos de ella. Concluida esa inicial ta­rea regresó Francisco a "Tapiales" para volver a esos cam­pos del sur a fines de 1816 con su mujer y sus hijos, pero no con un título perfecto de propiedad.

Deben haber sido muchas seguramente las penurias y molestias sufridas por María Antonia y los hijos del matri­monio, el mayor de los cuales tenía a la sazón ocho años, al radicarse en la soledad de la pampa y en miserables chozas de barro, pese a contar con la amistad de los indios pero sin protección oficial. Por ello, Francisco cedió una porción de tierra cerca de la laguna de "Kakel-Huincul" en 1818 y allí se fundó el fuerte "San Martín", a cuyo frente se puso al Capitán Ramón Lara, futuro fundador del pueblo de Dolores.

Hacer un viaje más allá del Río Salado, instalarse en esas lejanas tierras con su familia sin ninguna protección oficial y convivir en paz con los indios era una hazaña que no sólo merecía ser contada, sino también cantada. Lo hizo Rolando Dorcas. Berro en su libro Romances del Sur de Buenos Aires en uno que tituló ' 'La ley de Francisco Ramos Mexía", del cual reproducimos los versos siguientes:

 

Dicen que van al desierto para meditar los santos; con esa misma esperanza marchó a la frontera Ramos. Era en los tiempos heroicos; se llegaba hasta el Salado siguiendo la lenta marcha de la tropa y del baqueano. Mitad profeta y caudillo, el hombre que ya he mentado sabía muy bien llevarse con el sabio y el profano. Eligió un lindo paraje del distrito de Monsalvo y Mira/lores fue pronto casi la luz de un milagro.

 

La necesidad de mantener un trato amistoso con los indios y de incorporarlos a la civilización blanca por medios pacíficos eran ideas bien arraigadas en el espíritu de Fran­cisco, y bien pronto, ya de regreso de su primer viaje al Sur, remitió desde "Tapiales" al Superior Gobierno el 10 de agosto de 1814 un plan ajustado a aquellas ideas y contrario al empleo de la fuerza propiciado por algunos pobladores de tierras más cercanas a Buenos Aires y por el propio Director Gervasio Antonio de Posadas. Dicho plan, inédito durante muchos años, ha sido divulgado por José María Pico en un artículo titulado "Cuando los místicos van al desierto" y que ostenta el subtítulo "El plan de Francisco Hermógenes Ramos Mexía para poblar la pampa y procurar su civilización, en 1814'', publicado en el diario La Prensa el 16 de marzo de 1986.

El escrito es naturalmente extenso y minucioso en la exposición de las ideas de su autor, por lo cual en la impo­sibilidad de transcribir sus nueve páginas sólo extractare­mos los párrafos substanciales, conservando, eso sí, su pe­culiar estilo.

Antes de exponer los cuatro puntos esenciales de su plan, formula Francisco las siguientes reflexiones: "Todo "plan cuya perspectiva y aparato ataque directamente los "usos y costumbres del hombre, por bárbaros que sean, de "un modo abstracto, deverá autorizarse con la fuerza, no "con la educación, por que se prepara seguramente la de­sesperación. A semejante incapaz método atribuyo Yo la "sangre inmortal de México y del Perú; su despoblación; éincibismo y barbarie del estado presente; y si este es vivo "ejemplo, tal perspectiva en nuestro caso debe distar mucho de la política de la Suprema Dirección de V.E.".

Y más adelante expresa: “Quatro son los puntos prin­cipales que ofresco a V.E. poner en planta al fin de la ' 'población de campaña, su uniformidad de Gobierno como de su misma civilización".

            En atención a que muchos gauchos vivían en la pam­pa por no someterse a la autoridad de Buenos Aires, pro­ponía Francisco en primer término ' 'formar una compañía "de Tropa Arreglada de Gauchos que se irá aumentando '*sin ruido y quanto convenga", y agregaba a ese efecto: "Yo me atrevo a garantir el reclutarlos exclusivamente "con el objeto del primer punto; y valiéndome de ellos "mismos, de poner en manos del Gobierno a aquellos que "aún pueden ser perjudiciales al propósito. Dos objetos "principales tiene la Política: el uno, la dirección de la es­pontaneidad de la voluntad del hombre, y su comprensión a veces; el segundo, por la fuerza. Aquel es su objeto "directo; y este, como indispensable, pero indirecto; en­tonces el Político debe desentenderse del llanto y horror "de la Naturaleza, así como la Madre de familia del de "aquellos cuyas necesidades quiere remediar".

El segundo punto consiste en "fundar una gran Po­blación, sujeta por un turno, si conviniese, a los Caciques de más rango por medio de dicha clase de fuerzas que deberá mandar un circunspecto Oficial en el sitio más aparente y distante". Y al respecto agrega Francisco: "Las "intenciones de un plan como este no se han de circunscribir a uno o dos Caciques del Sud, ni a una sola población. "Principíese esta grande obra; que sea ella el espectáculo "como la preparación de ulteriores. Conviene pues, como "medio, autorizar más y más el Gobierno de los Caciques; ' 'y aún que tomen alguna parte en el nuestro''. Pero tam­bién era indispensable para Francisco propender la radica­ción en aquella zona por lo menos de doscientas familias y proveerlas de lo necesario para su instrucción.

"Lo tercero: estancar el vino y aguardiente desde la "línea del río Salado hacia afuera, y darle incremento al "comercio interior", creando para esto último el impres­cindible fondo, cuya "administración trae consigo mil "bienes sujeta a los alcances de la política, y, si se la aban­dona a discreción, males imponderables seguramente. Ella "presentará además un termómetro que discierna los buenos y los malos tiempos".

            Y por último, como cuarto punto: "adjudicar las tierras de quatro en quatro leguas desde la expresada linda a fabor de todos los que quieran ser estancieros, con una "moderada pensión anual, que podrán redimir quando gusten". Y así como en orden a puntos anteriores abun­dó en fundamentos, en lo atinente a este último manifestaba: "Tenemos un Continente tan basto que ni en el Mapa puede conoserse y dinumerarse su extención superficial; poblarle es a primera vista obra de vida a los siglos; "aprovecharle y suplantar muchos cerros potosinos, esta, "en nuestro clima, es obra de pocos años. Está vista en él "la fecundidad del ganado bacuno, el que, con privilegio "sobre todos los del Globo, pare increíblemente a los dos "años de edad, sin contradicción prudente en su conserva­ción y fomento de parte de la Naturaleza. Llénese pues la "superficie toda de ganados, y sea este el modo de poblar la tierra. Está visto también el empeño impetuoso de tantos como quieren emprehenderlo aún a costa de sus pro­piedades y pellejo, como dixe al principio; muchos hai "que lo apetecen sin tal imprudencia. Más, la Suprema "Dirección debe abrir un camino útil a tantos como son los "que, habiéndose desviado del camino de rutina, en vir­tud de nuestra gloriosa Revolución, se ven hoi desespera­dos, indecisos y sin senda capaz. ¿Qué es pues lo que res­ta, que no se pueda superar para tamaños fines?".

No debe perderse de vista que este plan, formulado en 1814, tenía en mira fundamentalmente la colonización de los campos del Sur en los que se había afincado Francis­co, por cuya razón no revela las que más tarde serían las ideas religiosas de su autor a fin de lograr la incorporación de los indios a la civilización de los blancos. A ellas nos re­feriremos más adelante. Lo que sí corresponde es señalar la suerte corrida por el plan según las palabras finales de José María Pico en su meritorio trabajo: "La nota pasó a consi­deración del gobierno precedida de un brevísimo resumen escrito para facilitar su lectura. El 25 de agosto de "1814, Gervasio Antonio de Posadas puso su rúbrica deba­to de una providencia escueta y lapidaria: Archívese".

 

 

XII

 

Francisco propietario de Miraflores

 

Como ya se ha señalado, Francisco adquirió ' 'Tapiales'' de su legítimo dueño mediante escritura pública. Pero en re­lación con las tierras al sur del Río Salado y en las cercanías de la laguna de "Kakel-Huincul" el procedimiento no fue ni podía ser el mismo, pues en realidad se necesitaban, no dos, sino tres partes, en este caso las tribus de indios que detentaban las tierras como dueños naturales, el interesado en hacerse propietario de ellas con arreglo a la ley y el go­bierno en ejercicio del derecho de regalía heredado del mo­narca español como descubridor y conquistador de aquellas lejanas tierras.

Qué mejor información al respecto que la del propio Francisco, volcada en una carta que le escribiera a Juan Cornel, Juez de Paz de Monsalvo, el 27 de noviembre de 1825 desde "Tapiales" cuando, en ocasión de demarcarse y medirse los campos situados al sur del Río Salado, se vio obligado a defender su título de propiedad y la superficie y linderos de "Miraflores" ante la Comisión Topográfica presidida por Felipe Senillosa.

En esa carta dice Francisco: "Dos medios hay autorizados de adquirir terrenos, el uno por medio de denun­cias de tierras baldías con arreglo a la legislación española ' 'que aún se conserva entre nosotros, según el cual el piloto "que mide su terreno sin perjudicar a terceros y el Juez que ' 'confirma son los arbitros para que el denunciante pueda "obtener la posesión; el otro medio, que siempre ha esta­do en contradicción con el anterior, está reducido a haber "los terrenos de manos de los indios como dueños, y en ' 'virtud de ese derecho de propiedad aprobado que ha sido "y confirmado por las autoridades del país el ciudadano '' se agrega a las propiedades de la sociedad de que depen­de", añadiendo más adelante que rni propiedad de mi distancia no arranca de la forma española".

Como se ve, Francisco se refiere a los indios como dueños y con derecho de propiedad, y alude a su vez ala autoridad que aprueba y confirma y al ciudadano adquirente, sin aclarar a quién paga este último el precio. Por su parte, dice Alvaro Barros que Francisco "había compra­do al Gobierno una extensa área de campo a razón de "catorce pesos fuertes la legua y a los indios que allí resi­dían el derecho de establecerse en aquellos campos"1.

Faltaba sin embargo que Francisco consiguiera que se expidiera a su favor un título regular de propiedad sobre las sesenta y cuatro leguas de tierra que ocupaba desde 1811, título que por fin tuvo en su poder en el mes de febrero de 1819 y de cuyo trámite dio acabada información La Gazeta de Buenos Ayres el 3 de marzo de ese año en su número 112.

En dicha publicación se dice quejóse Rondeau, a car­go interinamente del Directorio, dirigió el 18 de diciembre de 1818 al Congreso Nacional, que se había trasladado de Tucumán a Buenos Aires, el siguiente oficio: "Por orden "augusta de 16 de mayo del año próximo pasado autorizó "vuestra soberanía a este Directorio para que adjudicase "tierras en propiedad a los que quisieran establecerse en la nueva línea de nuestra frontera. La sierra del Tandil es­taba entonces indicada para que se extendiese hasta ella "la nueva demarcación, pero mejores conocimientos hicieron ver que no podía avanzarse más allá de la laguna de ""Kakel-Huincul". De sus resultas se designó este lugar ' 'para construir en él el fuerte de San Martín, que debe garantir la seguridad de dicha línea. Más allá de esta laguna ' 'están avanzados algunos pobladores con establecimientos "ya formados. Por fruto de las relaciones que han sabido "cultivar con los infieles, han recogido el de no ser incornodados por estos. Semejantes establecimientos constituyen en rigor la verdadera línea, ya por la inmediación en que se hallan al lugar del fuerte y ya por la proporción "y necesidad en que están sus dueños de proteger a éste y ' 'ser protegidos por él. Por estas consideraciones y por otras "de igual conveniencia pública, que omito analizar aquí "por ser demasiado obvias, considero que estos pobladores "tienen igual título a la generosidad que desplegó vuestra ' 'soberanía en obsequio de los que nuevamente tratasen de "establecerse en aquella demarcación. En resultas de ello, "consulto a Vuestra Soberanía si la adjudicación de tierras "en propiedad declarada a favor de estos últimos debe "igualmente ser extensiva a los que la soliciten entre los "primeros".     

            El Congreso, mediante nota firmada por Antonio Saez, Domingo Guzmán y José Miguel Díaz Velez, contestó el 18 de febrero de 1819, manifestando que "el Estado nada les ha dado a los que antes de ahora se han establecido "fuera de la línea de demarcación de nuestras fronteras, y "nada les ofrece a los que al presente quieran hacer otro "tanto. Como V.E. supone en su nota del 18 de diciembre "próximo pasado, a costa de mil sacrificios y peligros y "haciendo expensas quantiosas para tener gratos a los indios han sostenido los unos y tendrán que sostenerlos otros sus establecimientos, cuyas ventajas para el país exceden a todo cálculo. Por motivos de tanto peso y gravedad se ha dirigido esta Comisión para declarar en 12 del corriente mes que a unos y otros pobladores, no tan­to por título de gracia, cuanto de rigurosa justicia, les corresponde el de propietarios de unos terrenos que han 'sabido adquirir y tendrán que conservar sin participar de la protección y salvaguardia que dispensa el Estado a las demás propiedades que están comprendidas dentro de las líneas de demarcación de las fronteras, siendo por "lo mismo muy digno también de la beneficencia de V.E., además de franquearles los títulos de los terrenos que así adquieran o hayan adquirido antes de ahora, manifestar igualmente su gratitud por las ventajas que en el país refluyen de sus trabajos y fatigas".

Y en cumplimiento de esta comunicación procedió de inmediato el Directorio a expedir los correspondientes títu­los de propiedad, entre ellos el de Francisco.

Si bien el documento transcripto no menciona a los pobladores a que alude con su nombre y apellido, dejó asentado, y ello atañe a Francisco, que se afincó en esa leja­na zona más allá de la frontera del Río Salado "a costa de mil sacrificios y peligros y haciendo expensas quantiosas'', pero no en su caso por el simple propósito de ' 'tener gratos a los indios", siendo más exacto decir, con Rondeau, que se granjeó la consideración de ellos como fruto de una rela­ción pacífica y amistosa. Lo destaca Alvaro Barros en los si­guientes términos: "Obedeciendo Ramos a un sentimiento de justicia que honra su memoria, lejos de pretender "desalojar a los indios en uso del derecho adquirido, los "trató siempre benigna y paternalmente, granjeándose así la confianza y el respeto de ellos. Los indios fiaejronjuego sus mejores peones y la más segura custodia de sus intere­ses, y tal confianza adquirió de su lealtad que vivió tran­quilamente allí con su familia, ejerciendo una autoridad verdaderamente patriarcal, en ninguna circunstancia "desconocida por los indios"2. Y según Miguel Scenna. que no es un admirador de Francisco, ''aquellos ariscos, "desconfiados y duros hijos de la pampa reconocieron a ' 'don Francisco a un hombre superior y le concedieron un ' 'ascendiente que nadie tuvo antes de él y que nadie volvería a tener en adelante"3

            El título de propiedad de "Miraflores" quedó final­mente entre las fojas de una vieja partición hereditaria, pe­ro a él debió referirse Francisco también en oportunidad de la actuación de la Comisión Topográfica de que dimos cuenta al principio de este capítulo. En una carta del 2 de noviembre de 1825 dirigida igualmente a Juan Cornel se­ñaló Francisco que dicha estancia es un "cuadro de ocho "leguas por cada uno de los cuatro frentes o costados", que ' 'un solo mojón hay en el costado del N. en las Hachiras, que es de una piedra pequeña de molino, con un ' 'poste clavado en el centro de ñandubay y con varias pilas "de hierro para que no destruyan los animales, y otro raojón judicial conforme a la declaración del presente go­bierno en que se manda desocupar la Guardia de "Kakel" por ser de mi propiedad y perteneciente a dicha mi "Estancia. Prevengo a Ud. que por el frente del S.O. de "los Montes Grandes de Monsalvo empieza la línea de mi "terreno donde acaba la de los vecinos de aquel entonces "D. Francisco Díaz, D. Domingo Madrid y D. Vicente Aguier, en lo cual no puede caber duda alguna contra mi derecho, porque D. Antonio González firmó la diligencia y constancia como vecino y apoderado con bastante firma, habiendo asistido también el mismo Capataz de Díaz, quien no sabía firmar, y el Comandante del Tordillo D. Ramón Lara, quien asimismo tenía estancia dentro de los terrenos de Madrid". Añade "que la mensura "no la hice completa porque al hacerla o estando al concluirla expusieron los indios de las Tolderías inclusas "y adyacentes que debían suspenderse las diligencias has­ta ver qué decían los Caciques que iban a llegar del campo; y consta por la respectiva diligencia del Juez y Piloto que efectivamente vinieron, estuvieron en la Estancia y estaban gustosos y contentos con cuanto yo dispusiera pa­ta el conocimiento y demostración de mis derechos. Esto mismo se tuvo presente cuando los tratados celebrados "con ellos en mi Estancia con el Sr. General del Departamento D. Martín Rodríguez".

            También es oportuno recordar ahora que en la carta antes citada del 27 de noviembre de 1825 insiste Francisco en afirmar que los frentes o costados miden ocho leguas, y aclara que "en cuanto a las seis leguas de fondo o parte "que mira al S.O. a la misma frontera abierta por los in dios, es un hecho que sólo se midieron las seis leguas y "que en los documentos consta la verdadera razón por la "que se suspendió medir hasta las ocho leguas por medio "de una nota puesta por el Juez y testigos que pone a salvo "mi propiedad de las ocho leguas. Esta nota acaso no ha "podido verla el Sr. Felipe Senillosa porque no es propio "de los hombres registrar con el mismo interés lo ajeno "que lo propio. ¿A quién he podido perjudicar yo hasta "ahora por no haber medido las ocho leguas que no faltan "de esta misma frontera?. ¿Qué Americano he perjudica­do yo, cuál es ese que se puso primero en ese campo a "quien yo no haya respetado?. Luego, todos los que se "han puesto después han debido respetarme observando "la misma conducta. Sobre todo eso no hay una autoridad "en el día que tenga facultad para interrumpir mis derechos y propiedad, y mucho menos el Sr. Felipe Senillosa, "cuya comisión está fundada sobre la base de obviar todo "perjuicio a un tercero, pues que el juicio en este caso "ya no le corresponde al Comisionado sino a la autoridad "de la que emana la comisión".

Importa evidentemente situarnos más lejos de la épo­ca en que Francisco escribió las cartas comentadas, pero co­mo forma parte del tema debemos señalar que Agustín de Elía en sus tan valiosos apuntes acota que "lo que se hizo "con don Francisco recién se supo con exactitud mucho ' 'tiempo después de su fallecimiento, cuando don Ildefonso, en enero de 1838, hizo levantar un plano topográfico "de la Estancia por don Ambrosio Cramer, quien hizo la men­sura de acuerdo "al título original que poseía don Francis­co". Y agrega, aunque de su propia cosecha pero de indu­dable veracidad histórica, que don Felipe Senillosa benefi­ció con su mensura a Baudrix, a Piñeyro en su estancia "San Simón" y a Anchorena en "El Chajá", adictos .1 K<> sas, no habiendo sido ajeno al propósito de perjudicar a Francisco e intrigar en su contra el hecho de no haber podi­do los saladeristas, entre los que se contaban Rosas y Terre­ro, internarse al sur del Río Salado y llegar a los campos de los indios para proveerse gratis de hacienda, maniobra que les era dificultada "por la presencia de Ramos, no sólo por lo que representaba personalmente, sino porque alecciona pa a los indios a defender sus derechos".

No se puede desconocer que los saladeros cumplieron en aquella época una importantísima función en pro de la economía argentina, pues eran, a falta de los modernos fri­goríficos, verdaderas fábricas de carne salada apta para la exportación, pero evidentemente no podía admitirse que los saladeristas actuasen como cuatreros, a veces también en perjuicio de los estancieros, ya que los campos todavía no se alambraban y el ganado pastaba en libertad.

 

 

XIII

 

1820 y el tratado de Miraflores

 

 

            El año 1820 se anunciaba con malos augurios. Durante su transcurso se levantaron contra Buenos Aires los caudillos del interior, quedó disuelto el Congreso Nacional, se puso fin al Directorio y una Junta de Representantes como nuevo poder eligió Gobernador de la Provincia de Buenos Aires a Manuel de Sarratea. "El caos, la anarquía y la gue-"rra civil reinan en toda la extensión de nuestro país. Fuerzas "políticas centrífugas descuartizan la unidad nacional. Cada provincia se declara soberana; algunas, como las de "Tucumán y Entre Ríos, se constituyeron en repúblicas. El "localismo más crudo e intransigente se establece desde el "Plata hasta los Andes. Y lo más grave del caso es que cada "provincia tiene su propio ejército, no pata luchar contra "España o Portugal, sino para hacerse la guerra entre sí"1.

La elección de Sarratea tuvo lugar el 18 de febrero de 1820, pero duró poco en el nuevo cargo de Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. La preeminencia de los caudillos del interior, su presencia en la capital, una de las cláusulas secretas del Tratado del Pilar suscripto el 23 de febrero por la cual el Gobernador Sarratea cedía a la exi­gencia de los caudillos de entregarles armas y dinero, y otros hechos de igual significación provocaron la alarma del Cabildo, "que pidió la convocatoria extraordinaria de "la Junta de Representantes, ante quienes, por intermedio "del Alcalde de 2o voto don Ildefonso Ramos Mexía, ex-"pone sus alarmas y temores que la Junta comparte"2.

Como la agitación continuaba, el Cabildo se reunió en sesión extraordinaria, aunque sin conseguir el aleja­miento de Sarratea, quien debió renunciar debido a exi­gencias de la Junta de Representantes el 2 de mayo, siendo reemplazado por Ildefonso, designación que no importó una solución definitiva, pues el General Soler aspiraba a ocupar el gobierno de Buenos Aires "y no resignándose a "verse suplantado en el gobierno de la provincia, reunió "el Cabildo de Lujan, que era cabeza de ayuntamiento, y "se hizo elegir gobernador de Buenos Aires con jurisdic­ción exclusiva en toda ella, marchando a San José de Flo­tes con todas las tropas que pudo reunir al tiempo que "comunicaba a la Junta de Representantes su nombra-"miento para que lo hiciese proclamar, reconociéndolo como tal. El Gobernador Ramos Mexía renunció su cargo el 19 de junio ante la Junta de Representantes, la que, sin tratarle, resolvió que el día 20 asumiera el Cabildo el poder civil. Ese día 20 de junio de 1820 Buenos Aires tu­to, pues, tres gobernadores: Ramos Mexía, Soler y el Cabildo".

A pesar de la gravedad de esa crisis, no dejó de ser preocupación permanente de los sucesivos gobiernos la re­lación con los indios. Sarratea, durante su breve mandato, recurrió a la influencia de Francisco Ramos Mexía y le en­cargó "iniciar los arreglos pacíficos con los indios de la "Sierra del Volcán y de Tandil", a cuyo efecto Francisco envió a "Domingo de Souza, mayordomo suyo y muy rela-"< lon.hlo con los indios, a entenderse con los caciques "Negro, Ancafilú, Neuquipán y Maicá".

La gestión de Francisco dio resultado, y en "Miraflo­res" el 7 de marzo de 1820 firmaron el Brigadier General Martín Rodríguez en nombre del Gobierno y Francisco en representación de los indios el "Tratado de Miraflores" o, según la versión oficial, "Convención estipulada entre "la Provincia de Buenos Aires y sus limítrofes los caciques "de la frontera Sud de la misma provincia con el objeto "de cortar de raíz las presentes desavenencias ocurridas "entre ambos territorios y de establecer para lo sucesivo "bases firmes y estables de fraternidad y seguridad recí­procas".

            El Tratado constaba de diez artículos. Por el artículo cuarto se fijaba la línea de frontera en los lindes de las tierras ocupadas por los estancieros; por el artículo quinto los indios se comprometían a devolver la hacienda que ha­bían quitado a los estancieros en el último año, encomen­dándose al cacique Tacumán a trasladarse con un len­guaraz al otro lado de la sierra para recibir la hacienda que allí se encontraba en poder de algunos caciques y traerla a "Miraflores"; por los artículos sexto y séptimo se compro­metían los hacendados a dar trabajo a los indios que así lo quisieran y a dispensarles la debida consideración en sus re­cíprocos tratos comerciales; y por el artículo noveno asu mían los caciques la obligación de entregar a los coman­dantes militares a los desertores y delincuentes, disposición que provocó la protesta de Francisco, asentada en el docu­mento, por haber sido acordada durante una ausencia mo­mentánea suya4.

Este Tratado fue respetado por los indios pampas, a quienes únicamente representó Francisco, pero no por otras tribus, y ese mismo año de 1820 se produjo un nuevo malón dirigido por el cacique Quinteleu desde las lejanas Salinas y ocurrió el levantamiento del chileno José Miguel Carrera con proscriptos e indios araucanos que atacaron al­gunos pueblos de la Provincia de Buenos Aires, entre ellos ferozmente los ubicados en el distrito de Salto.

 

 

 

XIV

 

De nuevo en favor de la paz

 

Si bien en la zona de "Miraflores" y dentro de los límites de la frontera recién establecida las relaciones entre los ha­cendados y los indios se desarrollaban normalmente, no ocurría lo mismo más al sur y tampoco al oeste de Buenos Aires, por lo cual el Gobernador interino de la Provincia Marcos Balcarce, que reemplaza al Gobernador propietario Martín Rodríguez por hallarse éste en campaña, recurrió a Francisco al igual que lo había hecho Sarratea.

En esta ocasión sin embargo la actitud de Francisco no lúe la misma, pues no intentó formalizar un nuevo trata­do, sino que se dirigió por escrito a Balcarce desde "Miraflores" el 20 de noviembre de 1820 en términos que no dejaron dudas sobre los fundamentos de sus ideas y el cariz religioso que habían ido adquiriendo, aunque sin ajustarse estrictamente a las de su padre, que había sido terciario franciscano, ni a lo que presumió el Deán Picasarri de que Francisco sería "muy útil en el Estado Eclesiástico o Secu­lar' ', ni a las lecciones de teología impartidas en la Univer­sidad de San Francisco Javier de Chuquisaca.

El manuscrito original de la nota en cuestión fue a dar al archivo del doctor Adolfo Saldías1 y fue íntegramente reproducido por Clemente Ricci gracias a una gentileza de su poseedor2. Es muy extenso, y con él acompañó Francisco otro escrito suyo titulado "Abecedario de la Religión o del conocimiento del orden de nuestro bien o de nuestro mal".

            Comienza Francisco su documento señalando que "el 23 a las 4 y media de la tarde recibí la comunicación de "V.S. del 10 del corriente, a los trece días de su fecha, sin embargo de la posta hasta "Kakel-Huincul", desde "cuyo punto se me remitió, en que me encarga dulficique a los indios, preserve amistosa y poderosamente de las "acciones hostiles con que son azotados estos campos por "ellos, seducidos de la política sanguinaria y abrasadora de "los Generales de la Santa Fé". Francisco hace citas bíbli­cas e invoca al Creador y a Jesu-Christo, pero, en la imposi­bilidad de una transcripción íntegra, cabe destacar las si­guientes reflexiones por su mayor vinculación con el tema: "O las hostilidades cesan igualmente por parte de los Indios quanto por los Christianos; o cesan por parte de los unos solamente, quedando los otros dispuestos como "siempre a robar y matar. ¿Qué importa la buena disposición y ocasión de los unos, si la disposición y ocasión de "los otros es tan sanguinaria y tan abrasadora como lo estamos viendo?. ¿Qué importa trabajar con los unos hasta "predisponerlos a favor de la Patria común, si a los otros "se les acalora y se enciende con la languidez hacia esa misma Patria hasta precipitarlos en horrores contra sí mismos?. Si los Indios aspiran de hecho y de derecho a la 'Paz, los Christianos fomentan de hecho y de derecho la 'guerra; y vice versa, si los Christianos trabajamos como debemos y podemos, los propagadores y conservadores de la Santa Fé violentan con todo el rigor de la palabra o declaraciones de guerra o de defensa ridícula contra los Indios. Luego, no hay Patria a favor de los Christianos 'sin los Indios, ni de los Indios tampoco sin el concurso de 'los Christianos".

Más adelante dice: "Supongamos que los Padres de la 'Santa Fé cesan de inducir y de incitar a los Indios a que 'roben así como inducen a unos mismos fieles contra otros 'fieles y que los infieles roban aún; supongámoslo, pero pasemos a reconvenir a esos mismos christianos de la ma­nera siguiente tan notoria: Estamos en el año onze en que sois los ministros delante de Nuestro Padre el Crea­dor de esta nuestra Casa o nuestra Patria para comuni­carnos la felicidad a que aspiramos, dándonos la salud 'por el Ministerio de la palabra con que habéis debido ilus­trarnos y deducirnos desde los umbrales de las tinieblas en que nos hallamos hasta colocarnos en la senda de la Paz".

            Y agrega estos conceptos: "Volvamos a los mismos Christianos y preguntemos, ¿con qual título de justicia quantos Hacendados se han introducido en los campos de las tolderías contra la voluntad de los Indios?. O se consiente por todos el orden, consentida la' 'sociedad; o la disolución es completa para la ruina de todos. ¿Quiere Rueños Ayres remediar con políticas aturdidas las impru­dencias y los excesos de los christianos, y porqué no pro-teje lo más que es la propiedad y la vida de todos?. ¿Quiere contener los excesos de los indios imprudentes, y porqué no contiene y enfrena a sus christianos y a guamos provocan las desesperaciones de los indios?. ¿No nos desengañaremos jamás de que ni el sable ni el cañón en nuestras circunstancias ni las buenas palabras con tan malditas obras es posible que constituyan ahora la paz entre los hermanos?. ¿Será posible darle la salud a la Pa­tria por medio de los prisioneros de la muerte?. Ni tam­poco lo hemos de conseguir mezclando lo dulce con la hiél, el espíritu y los fundamentos de la paz con los mis­mos principios de la guerra. El espíritu endemoniado de la guerra es el que nos devora y es quanto debemos aborrecer, tenidos absolutamente al espíritu conservador del padre”

Luego de otras consideraciones de parecido tenor concluye expresando que "ahora vienen los que se titulan representantes del pueblo a pedirme la unión con los in­dios. Yo tenía realizados estos trabajos, pero no se me oía ni se me atendía. Lo hacen recién ahora con la comunica­ción de V.E.. Con el general Domingo Arévalo, que trae un chasque de los indios de Chapaleofú, vamos a conti­nuar las negociaciones. Con ellos y los tehuelches y ranqueles reuniremos un parlamento. ¡Toda la América y todo el Nuevo Mundo pueden contar conmigo!. Con­templo el espíritu de vida que emana del Evangelio. Fal­ta que el pueblo nos oiga para que con este paso se apoye la felicidad. No vamos a recurrir a Fernando el Constitu­cional o al Príncipe de Luca, miembros del mundo decré­pito, para consolidar la sagrada independencia de Améri­ca, como lo hemos prometido al Omnipotente. Que comparezcan los titulados sabios que andan por otros caminos ante el pueblo y que la salud de éste sea la ley suprema".

 

 

XV

 

Reacción belicosa de Martín Rodríguez

 

Las recomendaciones de Francisco aún las contenidas últi­mamente en su nota a Balcarce del 20 de noviembre de 1820 nunca fueron tenidas en cuenta por el Gobierno a efectos de aplicar en las relaciones con los indios una políti­ca de concordia y pacificación.

            Al mes siguiente de aquella nota ocurrió todo lo contrario. Ya hemos aludido al malón encabezado por José Miguel Carrera que se abatió principalmente sobre pobla­ciones del distrito de Salto. Pues bien, el jefe de la Guardia de Lujan elevó el 2 de diciembre al Gobierno un oficio en el cual informaba: "Acaban de llegar a este punto el cura "del Salto d. Manuel Cabral, d. Blas Represa, d. Andrés Macaruci, d. Diego Barruti, d. Pedro Canoso y otros varios y es imponderable cuanto han presenciado en la es-"cena horrorosa de la entrada de los indios al Salto, cuyo "caudillo es d. José Miguel Carrera, y varios oficiales "chilenos con alguna gente, con los cuales han hablado "todos estos vecinos que en la torre se han escapado. Han "llevado sobre trescientas almas de mujeres, criaturas, "etc., sacándolas de la Iglesia, robando todos los vasos "sagrados, sin respetar el copón con las formas consagra­bas, ni dejarlos como pitar un cigarro en todo el pueblo, "incendiando muchas casas, y luego se retiraron tomando "el camino de la guardia de Roxas"1. Y en presencia de es­ta noticia nada mejor encontró Martín Rodríguez, designa­do ya Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, que di­rigir al pueblo el día 4 la siguiente proclama: ' 'Permitidme "desatender unos deberes por cumplir otros más urgentes. "Yo juro al Dios que adoro perseguir a ese tigre y vengar "a la religión que ha profanado, a la patria que ha ofendido, a la naturaleza que ha ultrajado con sus crímenes. "El cielo me conceda volver trayendo a mis conciudadanos "el reposo y la seguridad"2.

            De inmediato se aprestaron las fuerzas para la respec­tiva campaña, en la que actuaron bajo el comando de Mar­tín Rodríguez, entre otros, Juan Manuel de Rosas, Rafael Hortiguera y Gregorio Aráoz de Lamadrid, poniéndose las tropas en marcha el día 15 de diciembre. ¿Con qué objeti­vos?; así los señala Marfany: "Rodríguez dio las directivas "de esta vigorosa campaña. Atacar rudamente a los indios "aunque sin negarse a escuchar las proposiciones de paz, "era la consigna general", y agrega: "ya no se buscaba "el acercamiento amistoso del indio, sino la aceptación de "lo que se le imponía por fuerza aunque no fuera de su "agrado"3. Nada más alejado de lo que recomendaba y ve­nía haciendo Francisco en la zona de futuros combates, no sólo en general, sino en particular respecto del trato a los indios pampas, a los cuales había representado en el Trata­do de Miraflores, trato este que en la ocasión aconsejó Ro­sas, quien, según Marfany, le advirtió a Rodríguez haber confirmado ' 'que no son pampas y sí ranqueles los que han "invadido y robado estas fronteras", señalando también: "Por ello es que clamo al cielo porque nuestras operaciones militares no alcancen a ofender a los pampas, a quienes debemos buscar por amigos y protegerlos como "tales"4.

Rodríguez se estableció con las tropas a su mando en las cercanías del fuerte de ' 'Kakel-Huincul" y luego de fra­casar un sondeo de la posible actitud de los indios se diri­gió el 4 de enero de 1821 hacia las sierras de Tandil, donde libró duros combates sin llegar a doblegar a las huestes del cacique Pichiloncoy, lo que signó el fracaso de su campaña.

            A ese respecto acota Marfany: "El resultado de la "campaña puso a Rodríguez de muy mal humor. Vista la "negativa de los caciques de Chapaleufú a prestarle auxi­lios en cumplimiento del tratado de Miraflores firmado el ' 'año anterior, volvió dispuesto a vengar la ofensa. Cuando "estuvo de regreso en "Kakel-Huincul" arrancó a los in-' 'dios establecidos en la estancia de Ramos Mexía pretex­tando que era allí donde se planeaban las invasiones"5. Y sobre esto mismo nos cuenta Barros: " Rodríguez envió "una fuerza con el objeto de apoderarse de nuevo de los "indios de Miraflores. Estos trataron entonces de defenderse, pero el Sr. Ramos los disuadió de ello asegurándo­les que él conseguiría su libertad. Los indios se rindieron "y fueron conducidos prisioneros. Al día siguiente D. Francisco Ramos se dirigió en busca del general con el ob-"jeto de obtener la libertad de los indios, y en el tránsito ' 'encontró en el campo los cadáveres de más de 80 de ellos. "Cuando llegó al campamento se le dijo que habían inten-"tado resistir durante la marcha y había sido necesario usar "de las armas. El general recibió cortesmente al Sr. Ramos, "pero no le permitió regresar a su estancia"6.

Rodríguez puso de inmediato en ejecución esa drásti­ca medida remitiendo el 23 de enero de 1821 al Goberna­dor interino la siguiente comunicación: "Un número no "muy corto de Indios establecidos con sus Tolderías y "Familias en la Hazienda de D. Francisco Ramos Mexía "origina males indecibles a la Campaña. De allí reciben "los demás Indios las noticias que les favorecen a sus "asaltos repentinos; por ellos saben quando se les piensa "perseguir, y en fin en esta Estancia es donde se proyectan "los planes de hostilidad contra nuestra Provincia. Por es­to destaqué anoche una partida que conduzca a este "Cuartel General a mi disposición quantos Indios y Familias suyas existan en aquel Establecimiento, no sólo en ' 'castigo de la conducta que han observado y observan con-"tra nosotros, sino para privar a los demás ese apoyo de "sus maldades. Del mismo modo he intimado a Ramos "que con toda su Familia viaje a esa Capital en el perentorio término de seis días y a su llegada se presente a V.S.. "El ha dado prueba de una amistad tan estrecha con los Salvages que la prefiere a la de sus propios Conciudadanos contra quienes esta vez ha procedido escandalosamente, al paso que trabaja con tesón en hacer desaparecer de este Distrito a la Religión y lo ha conseguido entre la mayor parte de sus habitantes".

Simultáneamente, el Comandante Ramón Lara allanó ' 'Miraflores'', comunicándole el hecho a Rodríguez el 4 de febrero en los términos siguientes: "Con motivo de la no­ticia de nueva invasión por los Bárbaros, y sabiendo se "hallaba en casa de D. Francisco Ramos algún armamento "y municiones de ambos calibres sin custodia alguna, he "tomado la medida de mandarlo recoger y conducirlo a es­te punto en clase de depósito hasta la resolución de V.E.". Francisco, María Antonia y sus hijos ya habían partido de "Miraflores" en cumplimiento de la orden de Rodríguez, por lo cual el allanamiento se hizo en ausencia de sus dueños. Sólo se encontraron "tres fusiles, un rifle y una "tercerola útiles, tres fusiles, tres pistolas y un trabuco "inútiles, cuatro facones, un cañón de hierro calibre dos y "medio, una cureña útil y otra inútil y cinco tiros a me­tralla", todo lo cual, según resolución de la autoridad competente, debía "conservarse en seguro depósito "cuidándose mui especialmente de evitar su desfalco o "deterioro"7.

 

 

 

XVI

 

Exilio de Francisco

 

Quienes han escrito sin haber profundizado debidamente el análisis de los hechos sostienen que el exilio de Francisco desde ' 'Miraflores'' a ' 'Tapiales'' se debió a las característi­cas de la prédica religiosa con la cual aquel intentó atraer a los indios al cristianismo, a la que alude precisamente Mar­tín Rodríguez al final de la comunicación transcripta en el capítulo anterior.

Pero es otra la verdad histórica, pues ese exilio dis­puesto en enero de 1821 no se debió en verdad a razones religiosas sino a una injustificada reacción de Rodríguez asentada sobre falsas suposiciones.

Creemos que ello ha quedado suficientemente aclara­do, pero ha de contribuir a confirmarlo señalar lo siguien­te. En ocasión de la conferencia de José María Bustillo sobre Francisco recordada más arriba, mi padre le escribió una carta el 31 de octubre de 1957 por haber conversado seguramente sobre el tema, y en ella le dice a José María: "Yo siempre he oído, como tradición de familia, que ese "confinamiento se debió al fracaso de la expedición del General Rodríguez al sur, cuando tuvo que retirarse de­sastrosamente desde el Tandil a causa de que los indios "le hicieron el vacío, y al internarse imprudentemente en "las sierras se quedó de a pié, los indios lo rodearon y "lo obligaron a retirarse, táctica que atribuyó a consejos "de mi bisabuelo y lo determinó a tomar esa medida de fuerza".

Motivos religiosos hubo en verdad en relación al exi-lio, pero no en esta oportunidad, sino a fines de 1821; y que más bien ratificaron aquella medida. Pero a ellos nos referiremos en el capítulo siguiente.

En cuanto al viaje de Francisco, María Antonia y sus hijos desde "Miraflores" a "Tapiales", echemos mano a otro recuerdo familiar. Es Agustín de Elía quien hace refe­rencia a él en sus apuntes al decir tener vivo en su memoria el relato de Magdalena Ramos Mexía, hija de Francisco y abuela suya, según el cual a fines de enero de 1821 se hi­cieron presentes en "Miraflores" algunos grupos de indios en razón de haber sabido que Francisco y su familia debían abandonar la estancia por orden del Gobierno, lo que dis­gustaba a los caciques de las tolderías de Ailla-Mahuida'' y "Mari-Huincul". Francisco los recibió en su casa y los tranquilizó anunciándoles que nada grave le pasaría, dan­do inmediatamente las órdenes para emprender el viaje. Como muchas tribus querían seguirlo hasta "Tapiales" se convino que sólo un pequeño número de ellas lo acompa­ñaría, unas únicamente hasta las cercanías de Ranchos, y desde aquí sólo muy pocos indios llegarían al punto final del viaje.

            Alejado Francisco de "Miraflores" a causa de su exi­lio, dice José María Bustillo que allí "su representante de "confianza era el juez de paz de Monte Grande, radicado "en la guardia de Kakel, donjuán Cornet. Pagaba los peones, y con la pulpería, de su propiedad, los proveía de "yerba, azúcar, sal, galleta, ropa, etc., Inspeccionaba "los trabajos, presenciaba la organización de las tropas ' 'para venta y transmitía sin pérdida de tiempo cualquier ' 'novedad que se producía''1. Y respecto de la actividad de Francisco en su nueva residencia señala: "Enviaba desde "Tapiales a Damián, su brazo derecho, al frente de peones "expertos para que, con precisas instrucciones, adiestrasen "a los que eran permanentes en Miraflores. Envía plantas y "semillas. Las carretas marchan bajo la dirección de Sebas­tián, que por su condición de indio no puede quedarse "en Miraflores"2, y agrega que "realizadas las operaciones objeto del viaje, emprenden el regreso trayendo en "arreo ganado para venta en saladeros o para las necesida­des de la chacra. Las carretas transportan lana, cueros, "cerda y plumas de avestruz"3.

 

 

XVII

 

Francisco y el padre Castañeda

 

¿Quién era el Padre Castañeda y qué hizo para que se cru­zara en la vida de Francisco?

Francisco de Paula Castañeda nació en Buenos Aires en 1776 y era hijo de un comerciante español y de una criolla, Andrea Romero Pineda. En 1798 vistió el hábito franciscano y fue en sus comienzos un sacerdote cabal, pero pronto salieron a la luz sus impulsos políticos y su afán por cultivar un periodismo mordaz a través de publicaciones de curiosos títulos: "Desengañador gauchipolítico", "Des­pertador teo-filantrópico", entre otros, con los cuales se granjeó la resistencia de los editores y llegó a decir: "Pero "mi calma y sangre fría al fin han triunfado de todos y me "veo ya casi independiente con imprenta mía, con facultad para hacer de mi capa un sayo, con facultad para hablarlo que se me antoje, como no sea en asuntos de me­dicina"1; Dice de él Saldías: "Sobre los motivos de ' 'índole religiosa que pudiesen impulsarlo existían otros de índole política que tocaban su corazón de patriota consa­grado a la causa de la independencia argentina", y agre­ga: "Si bien muchos sacerdotes intervenían por entonces "en la política y en el gobierno, ninguno se había lanzado "como él a combatir por sus ideas en la tribuna, en la "prensa y en la plaza pública sin otra ayuda que la propia "y sin mayor prestigio que el que supiese crearse en medio "de obstáculos y resistencias que lo sorprendían en sus "sinceros fervores"2.

No cuidaba su estilo ni su vocabulario, y por ello el Gobernador Martín Rodríguez lo denunció a la Junta Protectora de la Libertad de Prensa el 6 de diciembre de 1820 por atacar "la dignidad del magistrado, la tranquilidad y confianza públicas y el respeto particular"3.

A mediados de 1821 la Junta de Representantes lo de­signó Diputado a la Legislatura porteña, y Saldías, a quien no puede dejar de seguirse en este relato, dice al respecto: "Singular conmoción debió de sacudirlo cuando al recibir la nota en que el Ministro Rivadavia le comunicaba su de­signación y le invitaba a recibirse de su cargo, el padre "lo declinó desabridamente en una especie de alegato cuyos conceptos hirientes para la representación del pueblo "no se explican ni por la circunstancia de sospechar que "se quiera comprar su silencio al precio de tal diputación ' 'ni por la irritación que le provocara la de estar la Legis­latura empeñada en el proyecto de reforma eclesiástica 4.

            El aludido alegato tuvo estado público el 13 de se­tiembre de 1821, y el 15, considerándolo injurioso, la Junta de de Represen prohibió al Padre Castañeda escribir para el público y lo desterró a un punto lejano de la pro­vincia por el termino de cuatro años, punto lejano que re­sultó ser el Fuerte de "Kakel-Huincul", adonde llegó el día 25.

Francisco seguía en "Tapiales" y nunca regresó a "Miraflores", por lo que jamás se produjo ningún en­cuentro personal ni ningún choque efectivo entre él y el Padre Castañeda, como parece deducirse de lo que han escrito algunos autores. Saldías dice que "el choque con Ramos Mexía se produjo como era de esperarse"5. Inge­nieros expresa que "el fanatismo de Castañeda chocó muy pronto con el mencionado estanciero"6. Y Scenna hace re­ferencias con exagerada imaginación a la presencia del sa­cerdote en "Kakel-Huincul" del que se desprende que también cree en un choque personal7. Por su parte, Ricci procede con cautela y sólo ofrece este paralelo: "por un la­do, el cristiano laico, el puritano imbuido en la religiosidad superior que rehuye de todo lo que es superstición; "por el otro, el fraile supersticioso, idólatra, fetichista, que, sin malas intenciones y respondiendo a los dictados de su conciencia sofisticada, corrompe las almas primitivas de los hijos de la Pampa so pretexto de salvarlas de ' 'una imaginaria herejía' '8, conceptos a los que cabe sumar el parecer de Ingenieros que califica al Padre Castañeda de "lunático franciscano y de "pobre alienado'.' pero sin íntentar un análisis psiquiátrico, respecto de lo que advierte que ' 'con el diagnóstico de perseguido-perseguidor se ha bía propuesto José María Ramos Mejía estudiar al Padre "Castañeda en la segunda serie de "Las neurosis de los "hombres célebres" que no escribió"?.

Lo que ocurrió en ' 'Kakel-Huincul", y aquí cabe ren­dir homenaje a la vivida pluma de Scenna, es que, llegado el Padre Castañeda, "pronto oyó hablar de Ramos Mexía... ¡Un hereje a mano! ¡Dios sea loado!. El Señor en ' 'persona debió cruzarlo adrede en su camino para dulcificar sus horas de proscripto. Todo lo que había en Cas­tañeda de polemista —y era casi todo— emergió a bor­botones. Se arremangó alegremente y se arrojó a la brega"10, que significó entregarse a una investigación perso­nal que culminó con la siguiente denuncia: "Don Francisco Ramos Mexía se ha erigido en heresiarca y blasfemo, y "no contento con haber quemado las imágenes, con haber ' 'regalado un alba a su capataz Molina para enaguas de su "mujer, el cíngulo para atarse el chiripá, ha erigido seis "cátedras de teología en la campaña del Sud a vista y paciencia de los Comandantes y del Gobierno actual que es­tuvo allí varias veces de ida y vuelta con toda la plana "mayor en su expedición a los indios. Don José de la Peña 'Zurueta, Comandante de la Guardia de Kakel, habiendo ' 'estado cinco días de convite en lo de D, Francisco Ramos, ' 'volvió tan convertido que instituyó la religión nueva de Ramos en la Guardia y en la estancia de la Patria, la cual "Ley de Ramos se observó en ambos distritos todo el tiempo que estuvo de Comandante sin haber una sola alma "que le replicara"11.

En conocimiento de esta denuncia, el Gobierno dis­puso que el Cura Vicario de Dolores informase al respecto, y de la respectiva investigación dio cuenta el Provisor Ge­neral del Obispado doctor Valentín Gómez el 11 de di­ciembre de 1821 mediante un oficio del siguiente tenor: "El Cura Vicario de Dolores que partió de ésta en comisión acordada con S.E. para indagar si eran efectivos los ''casamientos que se decía haber sido hechos por D. Francisco Ramos en las inmediaciones de Kakel, como asimismo si por su pernicioso influjo y falsas doctrinas se ha-'' bía introducido en aquel distrito la Santificación del Sá­bado, me avisa por oficio de 3 del corriente que nada ha "encontrado de efectivo en orden a lo primero, y que con "respecto a lo segundo solo en su estancia se guarda esta ' 'observancia judaica. Esta noticia coincide con las denuncias que tengo de que ese hombre fanático hace guardar "igual conducta en su chacra, conocida con el nombre de "D. Martín Josef de Altolaguirre, con escándalo de todo "su vecindario. Como a un Gobierno que se distingue por "sus sabias medidas para establecer la moral y el orden "en el País no puede ser indiferente un abuso público de "esta naturaleza, lo pongo en noticia de V.S. para que "se sirva elevarlo al conocimiento de S.E. y propender a "que se corrija del modo más conveniente"12.

            Y el mismo día el Gobierno, con las firmas de Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia, intimó a Francisco "se 'abstenga de promover prácticas contrarias al buen orden público, al de su casa y su familia y a su reputación personal"13.

            Así terminó este episodio. Para Francisco con esa advertencia.  Para el Padre Castañeda con una reducción del plazo de su confinamiento en Kakel-Huincul", pues se le permitió regresar a Buenos Aires en agosto de 1822.

 

 

XVIII

 

Los últimos años de Francisco

 

(falta pagina 97

 

Ramos". Ante esta comunicación, el Gobierno dio "orden "a Francisco Ramos Mexía para que remitiese de lo que se "llama sus tolderías en 'Los Tapiales' no sólo esos, si-"no otros más que anteriormente se han fugado, siendo "muy probable creerlo por la reunión de multitud de fa­milias bárbaras que permanecen allí continuamente, y por lo mismo se ha creído necesario proveer la medida "que debe tomarse a fin de remediar semejante mal". Francisco dio inmediato cumplimiento a dicha orden, rein­tegrando a Buenos Aires sólo a los indios a que aludía la re­ferida comunicación.

Sobre los años que duró el exilio de Francisco en ' 'Ta­piales" algo ha referido José María Bustillo en la conferen­cia citada más arriba. Sábese así que en junio de 1827 el Gobierno le devolvió el lote de su estancia cercano a la la­guna de "Kakel-Huincul" que cediera para la erección del Fuerte "San Martín", teniendo por ello Francisco la opor­tunidad de volver a poblarlo con hacienda. Sábese también que desde su nueva residencia siguió dirigiendo las labores agrícolas y ganaderas a cumplirse en "Miraflores", impar­tiendo las respectivas órdenes por intermedio de Juan Cornel, Juez de Paz de Monsalvo, como ya se ha señalado, con quien llegó a mantener una regular correspondencia. Por ello a su vez se sabe que Francisco recomendó "arar con ca­ballos, porque es un progreso", que envió plantas y se­millas y recibió "en arreo ganado para venta en saladeros "o para las necesidades de la chacra" y carretas con lana, cueros y plumas de avestruz y que dio instrucciones para ' 'poner cuanto antes un nuevo rodeo en Kakel cortando de "Ailla-Mahuida todas las puntas que salen hacia afuera, ' 'para lo cual necesito ranchos con habitación y cocina por "separado y los corrales para encerrar".

Ese año de 1827 fue duro para Francisco y María An­tonia, pues fallecieron dos de sus hijos, y esa situación se refleja en la carta que Francisco le escribió a Juan Cornel el 11 de setiembre. En ella en efecto le dice: "Cuando salió el maestro de las carretas para esa no pude escribir a Ud., en primer lugar porque estaba indispuesto, y en segundo "porque tras de las carretas debía partir para la estancia "el nuevo capataz mayor de ella, Timoteo Díaz, dador de esta. Yo debía ahora escribir a Ud. sobre cuanto hay, pero le aseguro que mi indisposición consiste principalmente en que, cansado de leer, recaigo al instante de cualquier manera que sea".

Francisco llevaba prolijamente una libreta con apuntes familiares, y en ella alguien escribió muchos años des­pués: "5 de mayo de 1828. A las 5 de la mañana y a los "55 años de edad falleció Francisco Ramos Mejía, 25 años "y 10 meses después de su casamiento, alcanzado por la "misma fiebre que llevó a sus hijos. Sus restos fueron "llevados a su última morada con la modestia y serenidad "que él había deseado".

Ricardo Quirno Lavalle disertó en el Colegio de Escri­banos sobre Francisco Ramos Mexía, destacando en el sub­título de su conferencia que se referiría a su ' 'vida, pasión y hazaña", y concluida la respectiva biografía, destacó que la pasión de Francisco se exteriorizó "en los sucesos pos­treros de su vida: el allanamiento de Miraflores, la inmolación de sus indios fieles, el exilio junto con los suyos "y, por final, su confinamiento perpetuo y su muerte "prematura en Tapiales", mientras que fueron dos haza­ñas "su noble pero frustrado empeño de civilizar al indio'' V "las ingentes extensiones de campo que pobló, que colonizó, que cultivó y que incorporó, de esa suerte, al mundo civilizado"1.

María Antonia se volvió a casar el 30 de setiembre de 1830 con su cuñado Ildefonso, viudo a su vez de María Inés Basavilbaso, pero no tuvieron hijos. Vivieron en "Ta­piales", mientras que los hijos de Francisco y María Anto­nia, Matías, Francisco y Ezequiel, se ocupaban de los ex­tensos campos de "Miraflores".

 

 

XIX

 

Las ideas religiosas de Francisco

 

Nos hemos referido al Plan presentado por Francisco al Go­bierno en 1814 "para poblar la Pampa y procurar su civili­zación". Su objetivo fue fundamentalmente político, y si bien señaló la conveniencia de respetar "el Gobierno de los Caciques" y que éstos "tomen alguna parte en el nuestro", no llegó a exponer en aquel entonces las ideas religiosas que más adelante cimentarían su relación con los indios, relación en verdad muy estrecha al punto de repre­sentarlos en el Tratado que se firmó en "Miraflores" el 7 de mayo de 1820.

            Dicho Tratado, respetado por los indios a los que representó Francisco, no lo fue por otras tribus, e invitado Francisco a intervenir para poner coto a nuevos enfrentamientos prefirió dirigirse por escrito al Gobierno de la Pro­vincia de Buenos Aires a cargo interinamente de Marcos Balcarce, lo que hizo el 28 de noviembre en los términos ya señalados. Este escrito puede contener un atisbo de las ideas religiosas de Francisco, pero sólo eso, pues, como dijo Clemente Ricci al publicarlo en 1913 luego de obtenerlo del archivo de Adolfo Saldías, "la atenta lectura y meditación de este documento puede, sin duda, arrojar una luz ' 'muy viva sobre la íntima ideación que animaba ese espíritu superior, pero lo que de allí se desprende es in­suficiente para un concepto cabal y acabado de esa insigne personalidad histórica"1.

Tal actitud de Francisco y el contenido de ese docu­mento provocaron la reacción del General Martín Rodríguez, quien en nota dirigida al Gobernador Interino el 23 de enero de 1821 le expresó que Francisco "trabaja con tesón en hacer desaparecer de este Distrito a la Religión" y que lo ha intimado a "que con toda su familia viaje a esa Capital".

Digamos por último en esta inicial reseña que el 25 de setiembre de 1821 llegó desterrado al Fuerte de "Kakel-Huincul" el Padre Casteñeda, quien, formuló graves acu­saciones contra Francisco que culminaron el 11 de diciembre de ese año con la decisión del Gobierno intiman­do a Francisco a que ' 'se abstenga de promover prácticas contrarias a las de la religión del país".

Ninguno de esos documentos oficiales ni las imputa­ciones del Padre Castañeda de ser Francisco "heresiarca y blasfemo" contenían un análisis serio de las ideas religiosas de Francisco.

Sólo muchos años después despertó la personalidad de Francisco el interés de algunos escritores por conocer sus ideas religiosas. En 1888 Vicente Fidel López lo consideró un "virtuoso misionero de paz y de riqueza7. En los albo­res del presente siglo, en 1907, Adolfo Saldías, como buen defensor del Padre Castañeda, se limita a decir que Fran cisco "se propuso convertir a los indios a los principios ' 'de una religión nueva... mezcla de panteísmo oriental... "y de dogmatismo inflexible"3. Pocos años después, en 1913, Clemente Ricci. que fue catedrático de Historia de las Religiones en la Facultad de Filosofía y Letras, expresó en el ensayo recientemente citado que el pensamiento de Francisco "lejos de ser mezcla de panteísmo oriental y de ' 'dogmatismo inflexible, como parece opinar el doctor Sal-"días, debe haber salido íntegramente del alma puritana ' 'que bullía en la sangre escocesa del esforzado reformador "argentino". Y más en nuestros días, en 1968, manifiesta Nicnna: "Al panteísmo no lo hemos encontrado por nin­guna parte: Ramos Mexía era indiscutiblemente mono-"teísta, creía en un único y solo Dios. En cuanto a lo de "oriental, recipiente muy amplio donde pueden caber "muchas cosas, no existe en los escritos de Ramos Mexía "un solo punto, una sola frase, que señalen en esa dirección, a menos, claro está, que consideremos oriental al ' 'judeocnstianismo en sí 4.

Clemente Ricci analizó con especial dedicación las ideas religiosas de Francisco en varios ensayos, y a su res­pecto expresa: ' 'El estudio de esta personalidad extraordinaria no ha sido hecha hasta aquí con el detenimiento "necesario. Y esto constituye una lamentable laguna en "la bibliografía histórica argentina, que había sido mi pro­pósito llenar debidamente en esta ocasión si la imposibilidad de acopiar una documentación adecuada no me lo "hubiese impedido. Pero si, como espero, las investigaciones que he de llevar a cabo con el fin de dar con los elementos indispensables para un trabajo adecuado serán "coronadas por feliz éxito, espero presentar a nuestro pú­blico la semblanza de un hombre cuya memoria es por "demás digna de ser perpetuada en el alma del pueblo ar­gentino"5.

Esa imposibilidad de acopiar la necesaria documentación no fue totalmente superada, pues fue muy poco lo que pudo salvarse de los autos de fe a que aquélla fue sometida. Según refiere el mismo Ricci con relación al ejemplar de la Biblia Vulgata anotada en latín por Francis­co, ' 'una nieta de Ramos Mexía, al enterarse de que esa Bi­blia iba a ser objeto de un examen fundamental, mandó "que se la trajeran y la arrojó a la estufa que tenía adelante y agrega “La Vulgata comentada por Ramos Mexía, "es decir, por uno de los más profundos, completos, originales genios religiosos que la heterodoxia cristiana ha "producido jamás en América o Europa, habría sido, en "cualquier parte del mundo, considerada como un tesoro "nacional"6.

Antes de hacer mención de tales escritos cabe señalar que Francisco no sólo fue lector asiduo de la Biblia, sino que añadió a esa fuente fundamental de sus ideas religiosas la lectura de la obra del jesuíta chileno Manuel Lacunza.

            ¿Quién era el Padre Lacunza? Enrique Espinoza reproduce de la Historia General de la literatura española de Hernán Díaz Arrieta los siguientes datos: "Hijo de "español y criolla, nació raquítico y lo bautizaron en la "Capilla del Sagrario en Santiago de Chile el 19 de junio "de 1731. Diez años más tarde vestía el hábito de los "Jesuítas en el Convictorio de San Francisco Javier, y a los "diez y seis ingresaba como novicio en la Orden. La astronomía y las matemáticas lo atrajeron, pero durante la ex­patriación sus preferencias se inclinaron hacia la teología ' 'y la exégesis bíblica, en especial la interpretación de los "profetas"?.

Esa expatriación fue consecuencia de la expulsión de los Jesuítas def territorio español, por lo cual el Padre La­cunza fue a radicarse en 1767 en Italia, en la pequeña ciudad de Imola, lo que explica según Ricci la evolución posterior de aquél porque "esa región había sido durante "toda la Edad Media un verdadero foco de herejías"8.

Según Abel Chanetón, Lacunza "singularizábase "entre sus hermanos de la extinta Compañía, todos más o "menos enredados con manejos tendientes a la restauración de la Orden, por su vida solitaria y recogida. Concluyó por separarse, voluntariamente, de la milicia ignaciana. Acentuóse entonces su misantropía, y para hacer ' 'más perfecta su soledad buscó albergue en una choza de "extramuros, junto al río Santerno que flanquea las mura­bas de la ciudad", es decir, Imola, y agrega el autor cita­do que Lacunza "a pesar de su vida original y de su retiro "de la Compañía gozaba entre sus antiguos hermanos en "Loyola fama de ser hombre de mucha oración, virtud y "letras" y que murió "sin ver impresa la obra a la que dedicara los últimos veinte años de su vida"9. No la vio impresa en efecto en su versión completa y definitiva y tal como vio la luz en Londres en 1816 por iniciativa del Ge­neral Belgrano, pero la vio circular profusamente a través de un "papel anónimo" a partir de 1785.

Chanetón ha llegado a establecer que el autor de ese "papel anónimo" fue el Padre Lacunza, y acerca de su re­percusión señala que ' 'desde la Habana al Cabo de Hornos "no quedó villa americana de cierta importancia a donde "no llegaran ejemplares del milenario lacunziano, pero en "ninguna parte —ni siquiera en Lima, donde motivó la "intervención del Santo Oficio - la obra tuvo la repercu­sión que alcanzó en el Virreinato del Río de la Plata"10.

Tras la lectura de dicho papel destaca Chanetón lo que sostiene Lacunza sobre la segunda venida de Cristo, a saber, que Cristo ha de venir al fin del mundo; después de un diluvio universal de fuego, de la persecución del An­ticristo y de la resurrección de todos los hombres buenos y malos; que entonces ha de llevarse a cabo el juicio univer­sal en el Valle de Tosafat; y que concluido ese juicio ascen­derá Cristo al cielo con todos los bienaventurados.

            Buenos Aires no quedó al margen de la repercusión del aludido "papel anónimo". Nos cuenta Chanetón que desde fines de 1786 se hallaba en Buenos Aires don Dalmacio Vélez, vecino de Córdoba, de donde había venido para aliviar su precaria situación económica, que aquí tuvo oportunidad de conocer aquel papel y que "encontrando "francamente heréticas algunas de las afirmaciones del Anónimo se puso a trabajar una refutación, a la que dio "término el 14 de diciembre de 1787"11. Años después la polémica se extendió a Córdoba y Tucumán, culminando con la denuncia a la Sagrada Congregación del índice, la que, siguiendo el mismo relato de Chanetón, incluyó el libro de Lacunza en el Index por sentencia del 6 de sep­tiembre de 1824.

Claro que además del "Papel Anónimo" también lle­gó a Buenos Aires la referida edición del libro de Lacunza hecha en Londres. Ocultó en ella su autor su verdadero nombre, tal vez por su heterodoxia y por haber perteneci­do a la Compañía de Jesús, y le dio el siguiente título: ' 'La Venida del Mesías en Gloria y Magestad. Observaciones de Juan Josaphat Ben-Ezra. Hebreo Cristiano. Dirigidas al Sacerdote Cristófilo. En quatro tomos. Se dedican al Me­sías Jesus Cristo, Hijo de Dios, Hijo de la Santísima Virgen María, Hijo de David, Hijo de Abraham", agregándose a continuación: "Londres: en la Imprenta de Carlos Wood, Callejón de Poppi, Calle de Flett, 1816".

            Constaba de cuatro tomos, y a su respecto dice Ricci "haber tenido muy en cuenta el ejemplar manuscrito de la "Venida del Mesías que estuvo un tiempo en el Instituto "de Investigaciones Históricas y que, por mi insistente pedido a la familia, obtuvo e hizo confrontar el Dr. Ravigagni"12. Esa familia fue naturalmente la de Francisco, quien tuvo en su poder ese libro y estampó al margen de sus páginas los comentarios que le merecían las ideas del Padre Lacunza'. Ya no se encuentra en dependencia alguna de la Facultad de Filosofía y Letras, y se ignora la suerte que pudo haber corrido. Ricci incluye en su ensayo "Fran­cisco Ramos Mexía y el Padre Lacunza" facsímiles de las páginas 58 y 99 del tomo IV, en las que se observan los co­mentarios marginales de Francisco, ostentando la carátula la firma de un nieto suyo también de nombre Francisco y la fecha "26-9-1859", es decir, cuando este tercer Francisco tenía doce años.

            E inspirándose en la Biblia y en el libro de Lacunza ex­puso Francisco sus propias ideas religiosas, no sólo a través de los aludidos comentarios marginales a dicho libro, si­no, además, en primer término, a estar a Ángel Justiniano Carranza en el artículo que publicó en la Revista Na­cional, en cuatro Memorias que Francisco había escrito entre 1819 y 1820, después en el "Abecedario de la Reli­gión o del conocimiento del orden de nuestro bien o de "nuestro mal" adjunto a la carta al Gobernador Balcarce despachada por Francisco desde "Miraflores" el 28 de no­viembre de 1820, partes de la cual se transcriben en el Ca­pítulo XIV, y por último en el' 'Evangelio de que responde "ante la Nación el Ciudadano Francisco Ramos Mexía".

            Ese "Evangelio" fue exhumado y publicado por Cle­mente Ricci como apéndice a un artículo suyo aparecido en la revista La Reforma en 1913 bajo el título "En la pe­numbra de la historia" y con el siguiente subtítulo: "Do­cumentación. Francisco Ramos Mexía". Sostiene Ricci que en el documento anterior, es decir, el citado "Abecedario", "un simple incidente de administración "policial dio margen al grande hombre para hacer una ' 'propia y originalísima exposición del derecho común en "sus proyecciones religiosas, sociales y jurídicas". En cam­bio, añade, "en el que va publicado a continuación", al que califica de "extraño documento", "su visión se eleva em pleno horizonte de la especulación"13.

            Pese a llamarse "Evangelio", su contenido no es puramente religioso, sino que en el fondo revela las hondas preocupaciones de Francisco de índole política y social, que va exponiendo con citas de las Biblia y de las ense­ñanzas de los Apóstoles, insertas a veces en latín en medio o a continuación de frases en castellano. Aparece divulga­do desde "Miraflores" el día 28 de América de 1820, pero ostentando también en un anexo la alusión al "año del di­luvio universal de 4777"No es muy extenso y comienza con la siguiente "Proclama de la Patria, Rom. 2.4 1 Padre nuestro por el poder de tu padre. 2. Santificado "sea tu nombre. 3. Venga a nos el tu reyno. 4. Llene la "tierra tu misión, como a los cielos. 5. Dánosle hoy la sa­biduría. 6. Desata los concilios de la iniquidad, pues "nosotros, como patriotas, hacemos cuanto debemos. 7. "Ni permitas que volvamos a la esclavitud, sino líbranos "de ella. Amén".

            En el citado ensayo, anuncia Ricci que "una vez completada la documentación se hará de ella un análisis general al que seguirá la síntesis final de la que ha de surgir la semblanza de ese hombre verdaderamente extraordinario que fue don Francisco Ramos Mexía". Pero la presunta testante documentación no pudo ser completada y tampoco hecha la referida semblanza final.

En cuanto a la influencia de Lacunza sobre las ideas religiosas de Francisco, sostiene Chanetón que a él se debe "la formación espiritual de una de nuestras personalidades menos conocidas pero más originales"14, con clara alusión a nuestro antepasado. Ricci, por su parte, sobre la base de los comentarios de Francisco volcados al margen de las pá­ginas del libro de Lacunza, sostiene que en ellos "ha volcado Ramos Mexía, cubriendo márgenes y pies de página "con su letra menuda, apretada, aristocrática, y su orto-" grafía a estilo del siglo XVIII, toda la plenitud de su espí­ritu. Con esta ventaja: que no emplea allí el estilo nebu­loso del Evangelio, sino el suyo verdadero y personal, es "decir, un estilo fuerte, áspero, anguloso y peculiar, si se "quiere, pero luminosamente claro para los que tienen familiaridad con documentos de esta especie"15. Y sobre la susodicha influencia dice: "Menester es tener bien en "cuenta este dato: el libro de Lacunza nada enseña a Ramos Mexía. Ramos Mexía lo lee, lo anota, lo cita en sus "escritos a menudo, pero sólo porque vé reflejada allí la ' 'doctrina que él se ha creado y forjado en el estudio pro-"fundo, completo, perfecto, de la Biblia", y agrega: "Y "tanto es así, que cada vez que Lacunza se aleja de su modo de ver, lo critica, lo refuta, lo deja de lado sin miramientos. En el campo teológico, especialmente, el con­traste entre Lacunza y Ramos Mexía es irreductible. La "única convergencia que los une es la doctrina adventis­ta".

La "Iglesia Adventista del Séptimo Día", que fun­ciona en nuestro país, publicó en 1977 bajo el título "Este es nuestro Dios'' un pequeño folleto en el cual, además de referirse a Francisco Ramos Mexía en el Capítulo dedicado al origen del pensamiento adventista en el Río de la Plata, divulga una síntesis de la fe adventista, señalando que dicha Iglesia "cree que el cristianismo verdadero con su "moral insuperable y su maravilloso poder para transformar la vida de los hombres y los pueblos tiene a Cristo por fundamento y centro, por principio y fin, y por norma de fe y conducta sus enseñanzas y las de los apósto­les" y que una de las bases de esa es "el segundo advenimiento en gloria y majestad de nuestro señor Jesucristo al mundo en forma personal y visible para redimir a su pueblo conforme a su promesa".

            El libro de Lacunza, que anotó Francisco, llevaba por mulo, como se señaló más arriba, "La Venida del Mesías en Gloria y Magestad", y según Daniel P. Monti, "la se­cunda venida de Jesucristo es doctrina fundamental en "Ramos Mexía, para quien consiste en el advenimiento de un nuevo orden de cosas en lo espiritual y social", ya que, agrega, "en elocuente tono apocalíptico denuncia los "males presentes y la desaparición del mundo u orden "actual"17, lo que deduce del primer párrafo de la citada Proclama de la Patria", en el cual, con cita de Lacunza y del Apocalipsis, dice Francisco: "El mundo se viene abajo. Se desploma completamente el edificio de él. No tiene remedio en el arte de su arquitectura, en esa ciencia que se llama o se conoce por fisiología.  Es completamente ' inútil su reparación'', a lo cual cabe añadir, lo que Monti no destaca, que refiriéndose más adelante Francisco a Cristo dice que "la señal moral con que debemos contar es su ' 'segunda venida virtuosa, o en espíritu de vida, o en glo­ria y magestad, juzgando a vivos y muertos... pues el evangelio nos interpreta también que el cuerpo de Cristo "es la Iglesia, la que debe materialmente resucitar al cabo de tantos siglos", naturalmente, cabría deducir, para lle­var a cabo la aludida reparación.

Según José María Bustillo, "en medio de sus complejas explicaciones pueden resumirse así sus ideas: defender "y asegurar la independencia, unificar fraternalmente aj "país, rendir culto a Dios defendiendo los preceptos de ' 'Cristo y de la Iglesia"18.

Y en opinión de Ricardo Quino Lavalle, el "Evange­lio es un verdadero manifiesto social y político elaborado "en razón del momento histórico solemne y terrible por "que atravesaba el continente americano", "compuesto "en sombrío tono apocalíptico" y "punteado con citas bíblicas en latín amparándose a cada paso en la autoridad "de San Pablo"".

            La "segunda venida" que da título al libro de Lacun­za y a la que se refiere Francisco en el "Evangelio" tiene relación con el "milenarismo", y sobre éste nos ilustra Quirno Lavalle: "Procede de una leyenda judía según la ' 'cual el Mesías reinará mil años sobre la humanidad. En el "siglo II algunos cristianos creían que Jesús reinaría mil "años, tras lo cual vendría el Juicio Final. Fue rechazado ' 'oficialmente por el Papa San Dámaso (366 y 384), pero ' 'fue durante la Reforma cuando tuvo una nueva y vigorosa eclosión. Lacunza la vivificó en el siglo XIX y fue factor en la creación por Miller en 1833 del adventismo, que "asegura el inminente regreso de Jesús a la Tierra"20.

Ferviente católico en su infancia y juventud, como lo prueba el juicio que le mereció al Deán Picasarri, Francisco profundizó su orientación religiosa al tiempo de radicarse en "Miraflores", en la soledad de la pampa y en la vecin­dad de los indios, habiendo escrito allí los documentos de que tratamos. Por razones obvias no nos corresponde abrir juicio sobre ellos, sino tan sólo presentarlos como parte de esta historia familiar. Sólo resta poner término a este capí-(ulo con las siguientes palabras de Clemente Ricci: "En la ' 'historia de la cultura argentina Ramos es un enorme árbol solitario como la encina por él plantada en su estable­cimiento de Tapiales"21. 

 

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