HISTORIA de la ESTANCIA MIRAFLORES

Libro: Priora, Juan Carlos. "Francisco Hermógenes Ramos Mejía, Precursor del Movimiento Milenarista" (libro completo en PDF), 167 pags.  Revisión de la Edición ACES 2008, Realizada en 2020.  Fotos y detalles actuales de Miraflores, ver AQUI Libro: Ramos Mejía, Enrique. "Los Ramos Mejía, Apúntes Históricos". 272 pags. EMECE Editores. Aquí pags. 33 a ll3. Fotos y detalles actuales de Miraflores, ver AQUI
   

Francisco Hermógenes Ramos Mejía, propietario del casco de Miraflores desde 1811 y de sus descendientes hasta la actualidad.

(comienzo de la página en papel, en color ROJO)

 

CAPÍTULO 3 – El empresario exitoso

 

1. La primera “Miraflores” en el Alto Perú ................................... 59

2. El Retorno a Buenos Aires y la chacra “Los Tapiales” ............. 63

3. Revolucionario en Mayo ...........................................................  64

4. El gran emprendimiento: La segunda “Miraflores” ..................  66

5. El estanciero diferente y los pueblos originarios ......................  70

a. La incorporación del indio al proceso productivo ............  75

b. Los colaboradores ............................................................. 76

c. Los títulos de propiedad .................................................... 77

d. Mediador entre el gobierno y los indios ............................ 78

e. La reacción de las tribus .................................................... 82

 

_______________

 

LA PRIMERA MIRAFLORES EN EL ALTO PERÚ - pag. (59)

 

Además de la experiencia administrativa que D. Francisco Hermógenes adquirió en Bolivia, ésta le dio también a su esposa, pues el 5 de mayo de 1804 se casó con María Antonia de Segurola y Rojas (1788-1860), hija de Sebastián de Segurola y Oliden (1740-1789), gobernador intendente de La Paz.1 María Antonia aportó numerosos bienes al matrimonio; uno de ellos fue la finca denominada Miraflores. Esta hacienda se denominaba Santiago de Miraflores, Santiago Chiquito o simplemente Miraflores. Ésta formaba parte de un conjunto de tres haciendas, una contigua a la otra: Miraflores, La Capillanía y Minachi Tambo. Fueron propiedad de la bisabuela de María Antonia, María de Orueta, que llevó como dote cuando en 1732 se casó, en La Paz, con D. Juan de Roxas Moreno. De ese matrimonio nació Ramón de Roxas, que llegó a ser doctor en teología y coronel de los ejércitos españoles, que heredó la finca y antes de morir, en 1799, testó a favor de su nieta María Antonia de Segurola. En las tres se cultivaba la coca, estimulante muy difundido y consumido desde la época de los Incas. La misma se hallaba a una legua de San Pedro de Coroyco, en el partido de Chulumani, a dieciséis leguas de La Paz, Alto Perú (actual Bolivia)1 . María Antonia llevó esa propiedad como dote cuando contrajo nupcias con D. Francisco Hermógenes Ramos Mejía.  (60)

Retrato de Doña María Antonia de Segurola y Roxas con quien se casó Francisco Hermógenes el 5 de mayo de 1804.Acuarela realizada por Carlos Enrique Pellegrini (1800-1875). Gentileza del Sr. José María Pico.

(pag. 61 con ilustraciones)

 

(62) En esta hacienda don Francisco tomó contacto con esa penosa realidad social que fue la encomienda; penetró en el alma de los nativos y llegó a solidarizarse con su drama. Luego del nacimiento y temprana muerte del primer hijo (de sexo femenino) en La Paz, y a consecuencia de la precaria salud del padre de Francisco, la pareja se trasladó a Buenos Aires (1806).  (ver esquema de descendientes)

 

(63)  EL RETORNO A BUENOS AIRES Y LA COMPRA DE “LOS TAPIALES”

 

Una vez en Buenos Aires, el 25 de octubre de 1808 la pareja adquirió una propiedad, en el pago de La Matanza, a tan sólo tres leguas y media de la Plaza Mayor, de “tres mil seiscientas varas de frente al sudeste y cerca de tres leguas de fondo” (unas seis mil hectáreas), en plena producción, con animales (vacas, ovejas, potros, caballos, bueyes), casa-habitación (con muebles y utensilios, galpones, almacenes, fábrica de aceite de linaza y de ladrillos, tambo, con miles de árboles (200.000 -dice la escritura) de todo tipo incluyendo frutales; en el predio también se encontraba una panadería y una pulpería. La venta incluyó a seis esclavos negros. La operación se hizo por 32.000 pesos de plata corriente. Tengamos en cuenta que un peso de plata equivalía a una onza (33 gramos de plata)2 . Esa propiedad tuvo su origen en una merced real otorgada en 1615 por Hernando Arias de Saavedra a favor de D. Pedro Gutiérrez, conquistador español que llegó a Buenos Aires en 1599. El lugar era estratégico no sólo por ser paso obligado para dirigirse a la Guardia de Luján y de allí hacia Córdoba, Mendoza, Chile y Perú, sino también para el abastecimiento de la ciudad. La chacra pasó por varios propietarios hasta que el 17 de mayo de 1775 fue subastada y adjudicada por 3.229 pesos de plata acuñada a D. Martín José de Altolaguirre, Factor Juez Oficial Real. Tomó posesión definitiva en 1781 y la conservó hasta el 25 de octubre de 1808.3 Los Tapiales, no obstante sufrir los avatares políticos pues fue confiscada primero por Rosas en 1840, recuperada en 1853; y luego por Perón en 1947, recuperada en 1959; permaneció en poder de los descendientes directos de D. Francisco Hermógenes por 159 años, hasta (64) 1967  cuando tomó posesión la Corporación del Mercado Central de Buenos Aires.4 Francisco amaba la vida al aire libre; pasaba horas supervisando el trabajo en sus tierras y observando las maravillas de la creación de Dios en esas vastas praderas. Allí crió ganado, atendió el tambo, fabricó queso y elaboró pan. Paralelamente desarrolló una intensa actividad cívica en beneficio de la comunidad.

 

REVOLUCIONARIO EN MAYO

 

El 17 de octubre de 1810 Francisco Hermógenes fue designado Regidor del Primer Cabildo criollo de Buenos Aires a cargo de la Defensoría de Menores, por la Excelentísima Junta Gubernativa5 . Para atender esas responsabilidades se trasladó de Los Tapiales a la ciudad. Tampoco dudó en involucrarse en la lucha por la independencia de España que su patria había iniciado hacía pocos meses. Contribuyó generosamente con sus recursos para equipar y financiar a las tropas de uno de los ejércitos que en 1810 se formó para defender a la naciente nación6 . El 1° de enero de 1811 en el Cabildo de Buenos Aires un regidor propuso a Francisco Hermógenes Ramos Mejía para alférez real, otro para alcalde de primer voto; finalmente quedó en el primero de los cargos. Así lo ratificó la Junta Grande. Del análisis de los acuerdos del Cabildo surge que integró ese cuerpo durante todo el año, aunque se advierten algunas ausencias a las sesiones del cuerpo, probablemente por sus viajes más allá del río Salado como se verá más adelante.7

 

 

(65) El 3 de abril de 1812 figura como candidato en las elecciones para miembro de la Asamblea Provisional. El 27 de agosto de 1813 fue nombrado miembro de la Comisión para la elección de la Junta de Libertad de Imprenta.8

 

El 26 de enero de 1814, atento a los acontecimientos europeos que marcaron el retorno de Fernando VII, la Asamblea (del Año XIII) decidió concentrar el poder ejecutivo en una sola persona. Así el Triunvirato, cuerpo colegiado, fue reemplazado por un poder ejecutivo unipersonal: El Directorio Supremo del Río de la Plata. Para el cargo fue designado el triunviro D. Gervasio Antonio de Posadas (1757-1833). Ejerció el cargo con dignidad en momentos muy difíciles, tanto en lo interior cuanto en lo externo. Renunció el 9 de enero de 1815 y la Asamblea designó en su lugar al Brigadier General D. Carlos María de Alvear (1789-1852), sobrino de Posadas, quien asumió el 10 de enero de 1815. La soberbia e intransigencia de Alvear provocaron una situación de rebelión en Buenos Aires y también en varias provincias del interior. Finalmente, el 3 de abril el coronel Ignacio Álvarez Thomas se sublevó y el Cabildo de Buenos Aires proclamó la caída del Director y la disolución de la Asamblea. También exigió la renuncia de Alvear quien, después de varios días, dimitió. El Cabildo convocó a elecciones y el 18 de abril fue elegido Director Supremo Provisorio el Gral. José Rondeau; como estaba al mando del Ejército del Norte, fue designado suplente el propio Álvarez Thomas. Los mismos exigieron que se nombrara una Junta de Observación. Ésta redactó un Estatuto Provisional para la administración y dirección del Estado. La disposición más importante de este Estatuto fue la que concedía al Director Supremo la facultad de convocar a las provincias para la elección de electores que a su vez designarían a los delegados al Congreso (de Tucumán). Para saber cuántos diputados debían elegirse era necesario conocer el número de habitantes. Entonces el Cabildo de Buenos Aires encomendó al presbítero Bartolomé Muñoz la confección de un mapa de la provincia de Buenos Aires que sirviera para las elecciones de electores. La campaña bonaerense quedó dividida en nueve secciones electorales que debían elegir once electores: San Nicolás de los Arroyos, Arrecifes, Pilar, Luján, San Fernando, San Isidro, San José de Flores, Magdalena y San Vicente. La ciudad de Buenos Aires fue dividida en cuatro circunscripciones que debían elegir 12 electores. Los días 14 y 15 de agosto de 1815 se realizaron las elecciones. Francisco Hermógenes Ramos Mejía resultó elegido por Matanza, San Fernando y Las Conchas. El Cabildo de Buenos Aires (66) reunió a los 23 electores el 22 de agosto, para designar a los siete diputados al Congreso de Tucumán. A dicha reunión concurrió Francisco Hermógenes.9

 

El 16 de febrero de 1816 es designado capitán y comandante del Regimiento N° 2, de las Milicias de Caballería de Campaña de Buenos Aires, primer escuadrón, primera compañía.10

 

EL GRAN EMPRENDIMIENTO: LA SEGUNDA MIRAFLORES

 

El dinamismo de Ramos Mejía, su amor por la soledad pampeana y las circunstancias apuntadas lo motivaron a extenderse más allá de los límites de la civilización, en tierras de indios, que por entonces estaba demarcado –como acaba de exponerse- por el río Salado. Probablemente en 1811 Francisco Hermógenes Ramos Mejía, con algunos peones, se dirigió hacia los pagos del Tuyú, a un paraje llamado Monsalvo, distante unas 25 leguas al sur de la frontera natural, el río Salado, con la intención de establecerse allí. Como reconocía a los indios dueños naturales de esas tierras, entabló tratativas con los caciques para conseguir su consentimiento. Obtenido el permiso comenzó a levantar un rudimentario alojamiento de madera que denominó Miraflores, nombre que tomó de una hacienda que María Antonia Segurola había heredado por línea materna. Cuando el matrimonio regresó a Buenos Aires, decidieron vender esa finca altoperuana a D. José Agustín Arce.11 Con lo obtenido adquirieron Tapiales y la nueva Miraflores. Transcurridas siete u ocho lunas, dejó encargado del incipiente emprendimiento a José Luis Molina y regresó a Los Tapiales. A principios de 1814 denunció al Director Supremo, D. Gervasio Antonio de Posadas, la ocupación de esas tierras y solicitó prioridad de compra.

 

(67 El coronel Álvaro Barros (1827-1892) expresa en su libro:

 

D. Francisco Ramos Mejía era uno de los pobladores que en aquel tiempo se hallaban ya establecidos al sud del Río Salado. Había comprado al gobierno una extensa área de campo, a razón de 14 pesos fuertes la legua, habiendo luego comprado a los indios que allí residían, el derecho de establecerse en aquellos campos. Obedeciendo Ramos a un sentimiento de justicia que honra su memoria, lejos de pretender desalojar a los indios, en uso del derecho adquirido, les trató siempre benigna y paternalmente, granjeándose así la confianza y el respeto de ellos. Los indios fueron luego sus mejores peones y la más segura custodia de sus intereses, y tal confianza adquirió de su lealtad, que vivió allí tranquilamente con su familia, ejerciendo una autoridad verdaderamente patriarcal, en ninguna circunstancia desconocida por los indios.12

Mapa, elaborado por el Prof. Juan Carlos Vedoya. Muestra la evolución de la frontera, las estancias Kakel y Miraflores. Extraido de su articulo “Tierras sin dueños”. Todo es Historia, Año VIII, N° 92 [Buenos Aires, diciembre 1974], p. 69.

 

Este testimonio pone de manifiesto el respeto que los pueblos originarios le merecieron a don Francisco Hermógenes Ramos Mejía.

 

(pags. 68 y 69 con ilustraciones)

 

(70) EL ESTANCIERO DIFERENTE Y LOS PUEBLOS ORIGINARIOS

 

Para comprender la acción y trascendencia de Francisco Hermógenes en relación con el desierto y con sus ocupantes naturales, es necesario conocer las relaciones del blanco con los aborígenes. En general se debe decir que, desde los comienzos en 1536, fueron poco cordiales. Antes de avanzar en el tema, es conveniente responder dos preguntas: ¿Quiénes y cuántos eran los indígenas en el S. XVI? El Dr. Rodolfo M. Casamiquela comienza uno de sus trabajos con esta introducción:

 

A pesar de aquello de ‘visto un indio, vistos todos’ que inventó algún cronista, la realidad es que con el paso de siglos y milenios la población indígena americana constituyó un complejísimo mosaico de pueblos muy diversos, con hábitos, sociedades y hasta características físicas disímiles. De esto es un buen ejemplo el panorama que ofrece la Patagonia, escenario en el que coexistieron gentes de distintas raíces, enfrentándose, repartiéndose territorios o fundiéndose entre sí para dar lugar a nuevas entidades sociales.13

 

Refiriéndose al mismo tema, Alberto Sarramone expresa:

 

“Desde que Magallanes tomara contacto con los habitantes de las zonas más extremas de América, transcurrieron casi cinco siglos en donde se fueron acumulando por distintos viajeros que le sucedieron, una serie de nombres de los indios que habitaban la pampa y la patagonia, sumándose gentilicios que nos han llegado superpuestos, derivados de tres razones: 1°) por el topónimo que identifica la región donde vivían; 2°) por la forma como los designaron los araucanos cuando conquistaron o difundieron la supremacía frente a los otros grupos; 3°) la forma como cada grupo se autodenominara.

 

“A los argentinos se nos ha contado la historia desde y hacia Buenos Aires [...] Los porteños llamaron pampas a los indígenas de los alrededores de Buenos Aires, en el simple sentido de habitantes de la pampa, a los que Schmidel había llamado querandíes. Se los solía llamar pampas, matanceros o magdalenistas por su situación geográfica, y en algún caso también carahiet o algunas otras, significativas de que se trataba de indios españolizados. Los porteños designaban a partir del siglo XVIII, como pampas serranos, o simplemente serranos, a los habitantes de las sierras pampeanas del sistema Tandilia y Ventana. La designación de pampas no tenía carácter científico...”14

 

Casamiquela sostiene que los aborígenes que habitaron al sur del Río Salado y en las sierras de Tandilia y Ventana eran una extensión de los tehuelches (71) septentrionales, entre los que se encuentran los Gahna a künna (gente del este), eran los “tapalqueneros” de Tapalquén, conocidos también como khalel a künna (gente de la sierra).15

 

Sarramone coincide con la designación científica de Casamiquela y agrega que Tapal es una derivación de Thrapa (bañado) y küne o quén significa “gente”. Por lo tanto los Tapalquén serían la “gente del bañado”.16

 

En relación con la segunda pregunta, ¿cuántos eran?, no es fácil determinarlo. Así lo entiende Carlos María Sarasola cuando dice:

 

Para llegar a un número aproximado debemos reunir los datos que aporta la arqueología, la historia y la comparación de nuestro territorio con otras áreas del continente. Por los estudios hechos hasta ahora, podemos suponer que la población indígena en el actual territorio argentino alcanzaba en el siglo XVI un total aproximado de entre 300.000 y algo más de medio millón de individuos, aunque algunos investigadores elevan esa cifra a un millón.

 

Para esa época, la población total de América se estima en alrededor de trece a quince millones de habitantes.17

 

De la población estimada, sólo una tercera parte se sometió al estilo de vida impuesto por el blanco. El resto optó por disfrutar de la libertad en el litoral, Chaco, La Pampa, sur de Córdoba, de San Luis y gran parte de Buenos Aires. En esta última, la superficie poblada por los blancos se extendía, a fines del S. XVIII, desde el Río de la Plata hasta el Río Salado.18  Más allá eran dominios de los “señores del desierto”, los indios.

 

Al respecto expresa Sarramone:

 

En 1810, la frontera con los indios de la pampa pasaba por las poblaciones de Chascomús, Ranchos, Monte, Lobos, Navarro, Areco, Salto, Rojas, Mercedes (Colón), Melincué y Esquina, las dos últimas en Santa Fe, donde también estaba el fortín Loreto.

 

(72) En el sud de Córdoba continuaba la línea con Las Tunas, el fortín San Rafael de Saladillo, San Bernardo, La Concepción y tres fortines del Sauce (La Carlota): Pilar, San Fernando de Sampacho y Santa Catalina. En San Luis, los fuertes de San Lorenzo del Chañar (Pedernera) y San José del Bebedero y en Mendoza, los fuertes de San Carlos y San Rafael.

 

La Junta de Mayo tuvo una especial preocupación con las cuestiones de fronteras y de indios, y en lo que a nuestra región respecta, comisionó al Coronel Pedro Andrés García para inspeccionar los fuertes y brindar un informe sobre los mismos. Dicho informe fue elevado en 1811, y la Junta emitió un decreto relativo a los indios pampas, en enero de 1811.19

 

En abril de 1816 Francisco Hermógenes (43) regresó a Miraflores, esta vez acompañado con su joven esposa (28) y los tres hijos más pequeños. Además llevaba –dice Ricardo Quirno Lavalle− 10.000 pesos fuertes o 588 onzas de oro (unos 753.000 dls.) que se los entregó a los caciques por derecho de ocupación de las 64 leguas cuadradas (unos 425.000 acres), tierras fiscales que le había solicitado en compra al Gobierno.20

 

Este fue un proceder poco usual, casi novedoso, pues los blancos no reconocían a los indígenas como sujetos de derecho; por lo tanto, usurpaban las tierras y los expulsaban de ellas con auxilio de las tropas del Estado.21

 

Esta actitud tan inusual le ganó el respeto de los (73) aborígenes, pero, más de una vez, lo puso en aprietos con las autoridades, quienes veían en los indígenas seres inferiores y explotables. No obstante, como la justicia y el espíritu pacifista formaban parte de las convicciones de Ramos Mejía, trató de practicarlas a lo largo de toda su vida. En este aspecto también fue un precursor, pues se adelantó a los galeses en medio siglo.22

 

(74) De esta forma, en armonía con la naturaleza y con la moral cristiana bíblica, Ramos Mejía fue un cristiano genuino y practicante. Dejó que mantuvieran sus toldos en Ailla-Mahuida, las mejores tierras, y él levantó las primeras construcciones a tres leguas de allí. Protegió a los indios, pero neutralizó su tendencia natural al ocio, enseñándoles a trabajar. Así, apelando a la pedagogía del esfuerzo y del trabajo, los incorporó a todas las actividades agropecuarias de su nueva estancia.

 

Ramos Mejía les enseñó a utilizar el caballo para arar, y así fue como allí se sembró por primera vez en la zona, y se cosechó trigo, cebada, lino y maíz. Al igual se hizo monte y se plantaron cedros, robles, castaños y frutales. Se confeccionaron artesanías domésticas inspiradas por la patrona, que conocía bien la capacidad indígena en labores manuales.

 

A la sazón, Miraflores alcanzó a ser una población de frontera con vida propia, con mucha gente atareada, donde predominaban los indios, sus mejores peones y la más segura custodia de sus intereses.23

 

En Miraflores no se consumían bebidas alcohólicas, no se practicaban juegos de azar ni se robaba. Tampoco se toleraban el amancebamiento, la promiscuidad sexual,24 ni la poligamia. ¿Cómo se consiguió la observancia de tan elevadas normas de convivencia para esa época? Por el adoctrinamiento, la persuasión y la profunda autoridad moral del patrón. Quien no gustara vivir de esa manera, podía marcharse en busca de horizontes menos austeros.

Señorial casa que hizo levantar en “Miraflores” (1887) don Ezequiel Ramos Mejía (1818-1896), hijo de don Francisco Hermógenes (Tomada “in situ” por Juan Carlos Priora, 8.6.2006).

 

(75) La incorporación del indio al proceso productivo

 

 Miraflores se convirtió en una estancia con gran actividad; se parecía a una reducción. Los caciques y sus tribus trabajan a gusto. Consideran a Ramos amigo y protector. Él hacía traer de Chascomús los “vicios” que aquellos les solicitaban. Además, los instruía acerca de cómo debían relacionarse pacíficamente con los blancos.

 

Don Francisco Hermógenes continuaba sus trabajos. Para principios de 1818 tenía varios rodeos. Construyó poblaciones en “Mari-Huincul” (diez lomas) a cuatro leguas de Miraflores; en “Chacabuco”, a siete leguas; y también en “El Comandante” a legua y media de Kakelhuincul (colina solitaria) gran superficie de su propiedad que cedió en préstamo al Gobierno para que se (76) asentara una guarnición militar. Efectivamente, en octubre de 1815 el capitán Ramón Lara levantó allí el fuerte San Martín o Guardia de Kakel. 25

 

Los colaboradores

 

D. Francisco Hermógenes amaba la naturaleza, pero no se había formado en las actividades agropecuarias. Como fue expuesto, desde su niñez hasta pasados los treinta años alternó los estudios con la burocracia virreinal. Pero tenía dos ventajas: era inteligente y no era soberbio, por lo tanto entendió que debía contar con la colaboración de gente avezada en las tareas rurales. Cuando en 1808 adquirió “Los Tapiales”, se trataba de un establecimiento en plena producción; sólo había que continuarla. El personal vivía dentro de la chacra o en las inmediaciones. Uno de sus mejores colaboradores, una especie de capataz fue José Luis Molina a quien Don Francisco le tomó gran afecto. José Luis y un hermano integraron el ejército de Belgrano. José Luis regresó para restablecerse de las heridas recibídas en la batalla de Salta (20 de febrero de 1813). Algunos historiadores sostienen que integró el Regimiento de Granaderos a Caballo, pero esta información no está debidamente confirmada.26 Cuando la tozudez y la soberbia condujeron al Gral. Martín Rodríguez a cometer el desacierto de invadir la estancia Miraflores, arrestar a su dueño, D. Francisco Hermógenes, y remitirlo a Buenos Aires, para luego matar a unos ochenta indios mansos que eran peones en Miraflores, José Luis Molina junto con los otros dos peones de Ramos: el Guayreño y Rojas, huyeron de la persecución y se refugiaron entre “los pampas” que indignados por el atropello se dieron a malonear. Conducidos por Molina atacaron el 4 de abril de 1821 la flamante Dolores, destruyéndola, y llevándose prisioneras a la mujeres, incluyendo a la esposa del capitán Ramón Lara. El botín de guerra fueron casi 150.000 cabezas de ganado vacuno y caballar. Dos meses más tarde –refiere el Sargento Mayor Juan Cornell− los mismos indios con Molina al frente realizaron otra nefasta incursión por Pergamino, Magdalena, Ranchos y hasta San Borombón.27 En noviembre de 1825 invadió la zona del Salado, pero fue batido en la laguna Arazá (partido de Castelli) por los húsares del Cnel. Andrés Morel y los dragones del Cnel. Anacleto Medina. En ese enfrentamiento murió el (77) cacique Ancafilú, uno de los protegidos de Ramos Mejía y amigo de José Luis Molina. Éste se salvó de caer prisionero gracias a la velocidad de su caballo. Muerto Ancafilú, los capitanejos mataron a Guayreño, acusaron a Molina de traición el que, poco antes de ser ejecutado, escapó y pidió protección al Comandante Juan Cornell, jefe de la guarnición de Kakel. Trasladado al fuerte Independencia (Tandil) por sugerencia de Juan A. Gelly y Obes, solicitó el indulto del gobierno.28  El presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, D. Bernardino Rivadavia, mediante decreto del 5 de julio de 1826 se lo concedió y le dio la libertad de establecerse donde le pluguiera. Con el tiempo se lo encuentra como jefe de baquianos del coronel Rauch. En febrero de 1827 cuando se produjo la invasión portuguesa a Carmen de Patagones, Molina se encontraba allí con un cuerpo de baquianos, contribuyendo, valerosamente, a la expulsión de los mismos. Continuó en el ejército y al servicio del Comandante de Campaña, D. Juan Manuel de Rosas, alcanzó el grado de Coronel. Murió en Tandil en los últimos días de diciembre de 1830.29

 

Los títulos de propiedad

 

Como fue dicho, Don Francisco Hermógenes, denunció (1814) ante el gobierno del Director Supremo don Gervasio Antonio de Posadas, la intención de compra de las tierras fiscales que fue ocupando y trabajando más allá del Salado. El trámite fue lento. Los gobiernos que se sucedieron valoraron la intención de Ramos y de otros hacendados de extender las fronteras en forma pacífica. El Director Supremo Interino Cnel. Ignacio Álvarez Thomas, propicia el avance de la frontera al sur del Salado, dando pasos firmes en esa dirección al crear, por decreto del 7 de febrero de 1816, el Regimiento de Caballería “Compañía Veterana de Blandengues de la Frontera” con asiento en Chascomús;30 asimismo insta al gobierno de la Provincia para que se atiendan los pedidos de los hacendados que reclaman la titularización de las tierras realengas.31  Efectivamente, hacia mediados de 1818, alentados por el éxito de Ramos Mejía otros hacendados se aventuraron por esas tierras. Fundaron estancias y (78)  asentaron familias. Entre otros apellidos se destacan: Lastra, Morel, Ezeyza, Capdevilla, Díaz, Piedrabuena y Campos.32

 

Por ese mismo año, el Comandante General de Campaña de la Provincia de Buenos Aires, Gral. D. Juan Ramón Balcarce, mediante un oficio librado al Director Supremo, Gral. D. Juan Martín de Pueyrredón, de fecha 12 de septiembre de 1818, solicita la intervención del Estado para la regularización de los títulos. Pueyrredón, con fecha 15 de noviembre del mismo año, se dirigió al Gobernador Intendente de Buenos Aires y le recomendó que se confirmen los títulos a los hacendados que han extendido la frontera con su acción civilizadora.33

 

Será el Director Supremo accidental, Gral. José Rondeau, quien el 18 de diciembre de 1818 expuso al Soberano Congreso Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata esta anormalidad. Éste, no solamente autorizó por decreto (20 de febrero de 1819), la entrega de los títulos correspondientes, sino que reconoció y agradeció a esos visionarios pobladores lo que estaban haciendo por el país.34

 

 Mediador entre el Gobierno y los Indios

 

A fines del período virreinal la campaña bonaerense se encontraba en total estado de abandono por el desinterés de los gobiernos y también por la indolencia de los habitantes. El primer gobierno patrio, deseoso de cumplir con los postulados de extender el progreso y la justicia a todo el ámbito del país, y remediar esos males, el 15 de junio, a menos de un mes de asumir, encomendó a un experto en estas cuestiones, el Cnel. Pedro Andrés García (1758- 1833), que

 

[...] investigara en manos de quiénes estaban las tierras y aconsejara el trazado de una frontera más avanzada, ya que los fortines dispuestos a lo largo del Salado, habían perdido su carácter de baluartes fronterizos.

 

La misión más delicada que García había de cumplir, era la de ponerse en contacto con los indios, para anunciarles la instalación del Gobierno patrio y realizar en su nombre nuevos tratados de paz.

 

[...]La caravana formada por 172 carretas, 62 carros, 2927 bueyes, 520 caballos, tenía un personal de 10 artilleros, 26 infantes, 35 soldados de caballería, 8 indios amigos, 278 (79) peones, 40 carreteros, y muchos otros individuos, entre capataces, vivanderos y lenguaraces o intérpretes.35

 

La expedición tuvo como punto final las Salinas Grandes, uno de los asientos más importantes de indios Pampas. Los resultados fueron exitosos pues ganó la voluntad de numerosos y ascendientes caciques. García elevó el informe con los resultados el 26 de noviembre de 1811.36

 

García, con espíritu humanitario, proponía atraer al indio por la persuasión, antes que obligarlo a someterse por la fuerza de las armas. Y en su aspiración de formar con ellos una sola sociedad, se mostraba francamente partidario de la unión por la sangre. Y sobre todo, establecer las relaciones en base a un activo intercambio comercial, que afianzara las relaciones pacíficas y estimulara el desarrollo de su industria.37 Lamentablemente todas estas buenas propuestas de acercamiento con los naturales, no fueron atendidas por el Gobierno, y los compromisos asumidos por García no fueron cumplidos.

 

El movimiento popular del 22 de septiembre de 1811 encomendó a la Junta Grande que creara, por decreto del 23, un poder ejecutivo colegiado, pero con tres integrantes. Surgió así el Primer Triunvirato compuesto por Juan José Paso, Feliciano Chiclana y Manuel de Sarratea. Algunos caciques se presentaron ante el cuerpo y recibídos por Chiclana los reconoce como “amigos, compatriotas y hermanos” y los insta a trabajar juntos.38

 

Al comenzar el año 1814 los indios, con la ayuda e instigación de numerosos gauchos que buscaron refugio en sus tolderías, se tornaron más belicosos y se atrevieron a enfrentar a los blancos. Incursionaron en varias estancias y llegaron a matar a los patrones y peones que se opusieron. Uno de esos malones ocurrió en la zona de Chascomús en junio de 1814. El 2 de julio, Mariano Fernández, alcalde de la Guardia de Chascomús, le escribe al Director Supremo, D. Gervasio Antonio de Posadas, quejándose por la inseguridad a que están expuestos los pobladores de la frontera. Posadas le contesta por intermedio de (80) su ministro de gobierno, Nicolás Herrera, que no puede auxiliarlo con tropas por los compromisos en la Guerra de la Independencia, pero le remite armas y municiones para armar a los hostigados vecinos.

 

Don Francisco Hermógenes Ramos Mejía, enterado del problema, le escribe al Director Supremo el 10 de agosto de 1814 desde Tapiales, ofreciéndole “un plan para poblar la campaña, unificar su gobierno y procurar su civilización”, que consta de nueve fojas.39  En él propone al gobierno poblar las tierras fuera de las fronteras interiores con gente y ganado; conceder facilidades para el pago de las tierras al que quisiera convertirse en estanciero; promover el gobierno de los caciques e incluso su participación en la administración ejercida por los blancos. En síntesis, recomienda la integración de blancos e indios en un marco de respeto y mejoramiento mutuo. Así, Ramos Mejía aparece como continuador del pensamiento del Cnel. Pedro Andrés García y precursor del Cnel. Álvaro Barros y del poeta, escritor y político José Hernández. Lamentablemente, el 25 de agosto, Posadas respondió a la propuesta de Ramos Mejía poniendo su rúbrica debajo del burocrático “archívese”.40

 

En noviembre de 1814 Posadas nombró al Gral. Carlos María de Alvear (1789-1852) jefe del Ejército del Norte en reemplazo del Gral. José Rondeau. Este ejército resistió la medida y se sublevó el 7 de diciembre. Posadas, considerándose sin autoridad e invocando razones de avanzada edad (tenía 57 años), presentó su renuncia a la Asamblea el 9 de enero. Ésta designó en su lugar a Alvear, quien asumió el 10 del mismo mes y nombró Secretario de Guerra al brigadier Francisco Javier de Viana quien a comienzos de 1815 elevó un proyecto para adelantar la línea de frontera que se trazaría desde el cabo San Andrés hasta las sierras del Tandil. Alvear impulsó el proyecto y convocó al Cnel. Pedro Andrés García para que lo ejecutara. García conferenció con uno de los dos caciques que dominaban la zona, obteniendo su apoyo. Entonces decidió volver con una expedición para abril de 1815; la sublevación del Cnel. Ignacio Álvarez Thomas en Fontezuelas, el 3 de abril de ese año, contra las (81) arbitrariedades de Alvear, terminaron con el proyecto. Tanto Viana como García cayeron en desgracia.41

 

El Congreso que comenzó sus sesiones en San Miguel de Tucumán el 24 de marzo de 1816, eligió como Director Supremo (3 de mayo) al Gral. Juan Martín de Pueyrredón, quien se mantuvo en el cargo hasta el 9 de junio de 1819. Ante la posibilidad de que Buenos Aires fuera invadida por los españoles o por los portugueses, el Director proyectó elaborar un plan para una posible evacuación de la Capital. Al efecto se constituyó una Comisión integrada por representantes de todos los sectores de la Provincia. Por la campaña fueron designados los hacendados Francisco Hermógenes Ramos Mejía y Juan Manuel de Rosas. El 11 de diciembre de 1816 dio instrucciones a esa comisión para la redacción de la Memoria. Como pasó el peligro de invasión cesó el trabajo y el informe no se produjo.42 Acerca de la política de fronteras Pueyrredón fue partidario de mantener buenas relaciones con los “indios”. Las luchas internas entre los caudillos del interior y de éstos contra Buenos Aires, hicieron que unos y otros recurrieran a los caciques para comprometerlos en esas disputas. Por ejemplo, Pedro Campbell, caudillo correntino, con indios guaraníes, asaltó Pergamino el 16 de enero de 1819. En esa acción fue mal herido el Cnel. Francisco Pico, jefe del fuerte, que, no obstante ser auxiliado por Campbell y llevado en carreta a San Lorenzo, falleció en el hospicio del lugar el 24 de enero.43

 

(82) Toda la frontera se movilizó. El gobierno decidió pacificar a las tribus rebeldes y solicitó los servicios de D. Francisco Ramos para entablar negociaciones. Finalmente, el 7 de marzo de 1820, en representación de 16 jefes indígenas pampas, Ramos Mejía firmó, con el gobierno de Buenos Aires, el Tratado de Paz de Miraflores.44

 

La reacción de las tribus

 

Mientras esos caciques “pampas” firmaron el acuerdo, el viejo cacique Quinteleu, reducido con su tribu a la máxima precariedad, en marzo de 1820 salió con 2.000 lanzas para malonear”. Saqueó Navarro, produciendo más de cien muertes, llevó cautivas y animales. Por otra parte, el vorogano Pablo Gaylquin desconfiaba del Brigadier Rodríguez, y también comenzó a movilizarse. 45

 

Hacia fines de la década, la situación se complicó por las luchas anárquicas y la hostilidad de las montoneras del litoral. Algunos malones atacaron Lobos (noviembre 1820). El 3 de diciembre de 1820, el chileno José Miguel Carrera46 con dos mil lanzas compuestas por parcialidades araucanas, tehuelches, (83) pehuenches y guaykurúes, arrollaron y saquearon los pueblos de Salto y Lobos. Yanquetruz, con sus ranqunches incursionó por el Tandil.

 

Los habitantes de Buenos Aires se indignaron, lo mismo que los de la campaña y presionaron al Gobernador Martín Rodríguez47 para que vengara esos ataques. Éste, en diciembre, ordenó una expedición punitiva que salió a campaña con dos divisiones, una de ataque frontal al mando del Cnel. Rafael Hortiguera (iba con él Gregorio Aráoz de La Madrid) y otra de envolvimiento bajo sus órdenes. Rodríguez se dirigió hacia el Tandil y Hortiguera hacia las Salinas Grandes. Pero, los atacantes de Salto se habían alejado demasiado y entonces las emprendió contra los pampas que no habían participado con Carrera. Lamentablemente desoyó el consejo del Comandante General de Campaña, Juan Manuel de Rosas, que hizo seguir las rastrilladas y determinó que no eran Pampas y sí Ranqueles. Rodríguez el 4 de enero de 1821 se internó en el Tandil, cruzó el Chapadleoufú y ordenó tomar por asalto los toldos de indios que no habían participado. Los indios huyeron, pero los rezagados fueron sableados. La insólita agresión produjo resentimiento. Rodríguez intentó negociar y los caciques Ancafilú, Anepan, Pichiloncoy y Juan José Catriel aceptaron encontrarse en el arroyo de los Huesos.

 

Cuando los cristianos llegaron y acamparon, fueron furiosamente atacados por los indios. Aunque rechazados, las pérdidas fueron numerosas para ambas partes. La expedición fracasó. El Gral. Rodríguez decidió (17 de enero) regresar a Buenos Aires, mientras Hortiguera, desde las sierras de la Ventana retrocedió hacia la Guardia del Monte. Rodríguez, al pasar por la Guardia de Kakelhuincul, mandó un (84) grupo para ordenar a la indiada mansa que servía en la estancia Miraflores de D. Francisco Ramos Mejía, que se presentaran en el Fuerte Kakel. Estos trataron de defenderse, pero Ramos los disuadió, prometiéndoles interceder por ellos ante el Gral. Rodríguez. Al día siguiente, Ramos, mientras se acercaba al fuerte, encontró en el campo más de 80 cadáveres de sus indios.48

 

Al respecto relata Álvaro Barros: Cuando llegó al campamento se le dijo que habían intentado resistir durante la marcha, y había sido necesario usar de las armas. El general recibió cortésmente al Sr. Ramos, pero no le permitió regresar a su estancia. La señora de Ramos se vió obligada a seguir en una carreta tras de la columna hasta el puente de Barracas, donde fue puesto en libertad su esposo, prohibiéndosele volver a Miraflores.49

 

Este craso error acarreó penosas e irreparables consecuencias para las relaciones entre los pueblos originarios y los “cristianos”.

 

 

 

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1 Don Juan Sebastián de Segurola y Oliden era un militar español de carrera, nacido en Azpeitía, Guipúzcoa, el 27 de enero de 1740. Llegó al Río de la Plata en 1776 con la expedición de don Pedro de Cevallos. Fue trasladado al Alto Perú en donde desarrolló una brillante carrera militar y administrativa. Visto el sitio que José Gabriel Condorcanqui (Tupac Amaru) y Tomás Catari pusieron a la ciudad de La Paz, fue designado (17-12.1781) comandante de armas de la ciudad y de las provincias aledañas. Su desempeño fue valiente y prudente. El mismo año se lo designó gobernador de La Paz y el 6 de enero de 1784 primer intendente de La Paz. En 1786 se casó con doña Josefa Úrsula de Rojas y Foronda. De ese matrimonio nacieron dos hijas: Isidora casada con Jorge Ballivián y María Antonia (1788-1860). Véase Edberto Oscar Acevedo, “Las visitas de Segurola”, Investigaciones y Ensayos 38 (julio-diciembre 1988): 109-124. María Antonia era prima del sacerdote Saturnino Segurola, quien introdujo la vacuna antivariólica en Buenos Aires. Véase José María Pico, “Miraflores”, Fundación IV, 9 (diciembre 1996), 104-111.

 

2 Al momento de registrar esta información (17 de junio 2016) el precio internacional de la onza troy estaba en 17,41 dólares. Multiplicado por 32.000, no da un valor actualizado de 557.120 dólares.

 

3 La chacra que compró, tenía unos 14.829 acres, se extendía desde el Riachuelo hasta El Palomar. Lo que hoy son los partidos de La Matanza y Morón en la zona oeste del Gran Buenos Aires. La casa fue declarada monumento histórico nacional el 21 de mayo de 1942 y se conserva dentro del predio que ocupa el Mercado Central de Buenos Aires, a un costado de la autopista Teniente General Pablo Ricchieri que conduce al aeropuerto internacional de Ezeiza. Obra en poder del autor fotocopia de la escritura dada ante el escribano Mariano García de Echaburu, titular del Registro N° 3 , con fecha 25 de octubre de 1808 en donde consta la venta que D. Martín José de Altolaguirre hace de la “chacra” Los Tapiales, en favor de D. Francisco Ramos Mexia (AGN. Escribanos. Escrituras en Bs. As., 1707-1900. García Echaburu, Mariano. Reg. 3 [1801-1821] 25 de octubre 1808, compra-venta “Los Tapiales”: Altolaguirre- Francisco Ramos Mejía).

 

4 Para conocer la apasionante historia de esta chacra, véase José María Pico, “LOS TAPIALES, La histórica chacra de Francisco Ramos Mejía en la Matanza”, Todo es Historia XIX, 239 (abril de 1987): 50-59. El autor la visitó y fotografió minuciosamente tanto su exterior cuanto su interior el 25 de noviembre de 1992, en el momento en que este Monumento Histórico Nacional estaba siendo refaccionado en su interior para instalar un restaurante.

 

5 Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Ayres, 17 de octubre de 1810, foja 2 del libro original.

 

6 Gazeta de Buenos Ayres, 5 de julio de 1810. En la nómina de donantes publicada en ese número, aparece anotado con 500 pesos fuertes, suma muy importante para la época.

 

7 Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Ayres, 1° y 2 de enero de 1811, fojas 43 y 44 del libro original. 23 de noviembre de 1811, foja 232 vuelta del libro original.

 

8 Daniel Hammerly Dupuy, Defensores latinoamericanos de una gran esperanza (Florida, Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1954), 118.

 

9 Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Ayres, 17 de agosto de 1815, foja 93 vuelta del libro original. Véase también: Carlos A. Pueyrredón, “Gestiones diplomáticas en América 1815-1817”, Historia de la Nación Argentina VI (1947), V: 439-513; Ricardo R. Caillet-Bois, “El Directorio, Las Provincias de la Unión y el Congreso de Tucumán”, Historia de la Nación Argentina VI (1947), VIII: 605-665; Vicente D. Sierra, “Cómo se eligieron los diputados al Congreso”, en Guillermo Furlong y otros, El Congreso de Tucumán (Buenos Aires: Ediciones Theoría, 1966), 87-95.

 

10 AGN, “Tomas de Razón de despachos militares, cédulas de premios, retiros, empleos civiles y eclesiásticos, donativos, etc”. 1740 a 1821. Lib. 78, fol. 208.

 

11 José María Bustillo sostiene que “María Antonia Segurola aportó al matrimonio, como dote, 150 mil pesos fuertes, en dinero, plata labrada y joyas, que su marido invirtió en la adquisición de la chacra Tapiales, y en un campo, Miraflores. Véase “Un estanciero doctrinario y original: Francisco Ramos Mejía”, Anales de la Sociedad Rural Argentina XCIII, 8 (agosto 1959), 313. 150.000 pesos fuertes equivalían a 8.823,53 onzas de oro fino equivale, hoy, a 11.382.353 dls. (cotización internacional al 19.06.2016).

 

12 Álvaro Barros, Fronteras y territorios federales de las pampas del sur (Buenos Aires: Librería Hachette, 1957), 159. Esta edición cuenta con un estudio preliminar escrito por Álvaro Yunque (seudónimo de Arístides Gandolfi Herrero, nacido en La Plata el 20 de junio de 1889 y fallecido en Buenos Aires en 1982. Fue redactor de “La Protesta” y uno de los fundadores del grupo literario “Boedo”). La primera edición apareció en 1872.

 

13 Rodolfo M. Casamiquela, “Los pueblos”, Ciencia hoy 2, 7 (abril-mayo 1990), 18. Véase también, del mismo autor: Bosquejo de una etnología de la provincia del Neuquén (Buenos Aires: La Guillotina, 1995); para el tema abordado, pp. 1-33.

 

14 Alberto Sarramone,CATRIEL y los indios pampas de Buenos Aires. Azul (Prov. de Buenos Aires: Editorial Biblos, 1993), 18. Véase también: Miguel Ángel Palermo, Los indios de la pampa (Avellaneda, Buenos Aires: Libros del Quirquincho, 1992), Colección “La otra historia”, N° 4, 2ª ed., 1992.

 

15 Rodolfo Casamiquela, “Los tehuelches del norte de la Patagonia”, ibíd., 24.

 

16 Ibíd.,19.

 

17 Carlos María Sarasola,Los hijos de la tierra. Historia de los indígenas argentinos (Buenos Aires: Emecé, 1998), 53. Sin embargo, Tzvetan Todorov afirma que la población indígena de América, a comienzos del S. XVI, era de 80 millones y que a mediados del mismo siglo quedaban 10 millones. Cf.La conquista de América. La cuestión del otro (México: Siglo XXI, 1987), 144.

 

18 Véase mapa “Las primeras fronteras”. Al respecto resulta muy útil, tanto por el texto cuanto por la cartografía: Exequiel C. Ortega, “Problemas del indio, las fronteras y el desierto”, Limen, VII, 22 (septiembre 1969), 89-92. Ofrece 4 gráficos señalando las regiones exploradas por los españoles, los habitantes aborígenes, los indígenas de la pampa y los caminos de la pampa. Luego 8 mapas con las zonas de dominio efectivo del blanco en la provincia de Buenos Aires entre 1744 y 1879.

 

19 Ibíd.,47. En cuanto a Pedro Andrés García, nacido en Santillana de Santander, España, en 1758, llegó al Río de la Plata con la expedición de D. Pedro de Cevallos en 1776. Desde entonces ocupó distintos cargos civiles y militares, siempre al servicio del Estado. Sirvió a España hasta 1810, cuando adhirió a la Revolución. Se casó con Clara María Ferreyra de Lima y Freyre de Landieu, tuvieron siete hijos; dos de ellos se destacaron al servicio del Estado: José Valentín y Manuel José García. El Cnel. Álvaro Barros fue nieto por vía materna. Falleció en Bs. As. en 1833. Por su experiencia se constituyó en un experto en cuestiones agrarias y conoció al indio de la pampa bonaerense, como pocos. Fue un hombre muy culto. Pedro de Ángelis publicó los informes y escritos de García en su Colección de obras y documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las Provincias del Ríos de la Plata (Véase AGN,Documentación donada y adquirida, Archivo Pedro de Ángelis 1771-1884).Parte de este valioso material ha sido reeditado en 1997 por la Universidad Nacional de Quilmes bajo el título: Un funcionario en busca del Estado. Pedro Andrés García y la cuestión agraria bonaerense, 1810-1822. La presentación, selección de documentos y notas fue realizada por el Prof. Jorge Gelman. Véase también: Cnel. Pedro A. García, Diario de un viaje a Salinas Grandes en los campos del sud de Buenos Aires (Buenos Aires: Eudeba, 1974). Se trata de una reproducción de la colección de Pedro de Ángelis, con introducción y notas de Germán García. Este informe se encuentra en las páginas 61-75. También: Ana María J. García y Nora Inés Rodríguez, “El coronel Pedro A. García y el doctor Adolfo Alsina: Una estrategia compartida”, Congreso Nacional de Historia sobre la conquista del desierto (Gral. Roca, 6 al 10 de noviembre de 1979),t. I, 191-202. Buenos Aires: Academia Nacional de la Historia, 1980.

 

20 Ricardo Quirno Lavalle, “Francisco Ramos Mejía: Vida, pasión y hazaña”, Revista del Notariado, 805 (abril, mayo, junio, 1986), 1601.

 

21 Decimos “poco usual”, porque María Sáenz Quesada sostiene que Ramos Mejía no fue un caso único: “el gran hacendado Lorenzo López aseguraba haberle pagado en provisiones y en metálico al cacique Negro las tierras del rincón de Lobos, más tarde de la Sociedad Rural, cuestionadas por Pedro Trapani”. (María Sáenz Quesada, Los estancieros [Buenos Aires: Editorial de Belgrano, 1980], nota 88). Hay un antecedente lejano: Pedro Minuit, reformado holandés, fundador de New Amsterdam en 1629 (después se llamará N. York), en la isla de Manhattan, le compró la isla a los indios en 24 pesos fuertes (Véase Martha B. Etchart y Martha C. Douzon, Historia de las instituciones políticas y sociales de América hasta 1810. [Buenos Aires: Cesarini hermanos, 1969], 305). Diez mil pesos fuertes, la suma pagada por Ramos Mejía a los indios, era una fortuna para la época.

 

22 Un caso similar de entendimiento con los naturales, se dará en Chubut, medio siglo después, con la colonización galesa. El 25 de mayo de 1865 un contingente de unos 150 galeses, liderados por tres pastores (ministros religiosos), embarcó en la nave “Mimosa” y se lanzó hacia las tierras de libertad y trabajo: la Patagonia. Llegaron a Golfo Nuevo el 25 de julio y desembarcaron tres días después. Las condiciones no eran las previstas en el contrato de inmigración, no obstante, con esfuerzo siguieron adelante. Recibieron pequeñas parcelas. Se manejaron en forma democrática, como lo hacían en su tierra de origen, y bajo un fuerte liderazgo religioso; guiados por firmes principios éticos tomados de la Biblia, establecieron buenos vínculos con los indígenas (tehuelches), intercambiando con ellos pan, manteca y granos por carne, cueros y plumas. Además, los galeses, cuando los indios se embriagaban, los cobijaban en los galpones, protegiéndolos de los otros blancos que se aprovechaban de esa condición para golpearlos y robarlos. Este proceder de los galeses les granjeó el respeto de la población autóctona con la cual convivieron pacíficamente. En poco tiempo el valle del río Chubut se transformó en un vergel. El Reverendo Abraham Matthews (1832-1899), uno de los tres religiosos que viajó en la “Mimosa”, relata el primer encuentro con los indios liderados por el cacique Francisco de la siguiente forma: “El trato con esta familia de indios fue muy favorable para la colonia en las circunstancias en que se encontraba entonces”. Habla de los beneficios del intercambio y luego agrega: “Adiestró, además, a los jóvenes en el manejo de los díscolos caballos y vacas, proporcionándoles el lazo y las bolas. Recibimos también instrucciones útiles en la práctica de cazar animales silvestres [...]” (Abraham Matthews, Crónica de la colonia galesa de la Patagonia [Trelew, Chubut: Asociación San David, 1975], 35). William Casnodyn Rhys (1851-1941), ministro bautista, que estuvo en Chubut entre 1879 y 1894, reunió datos sobre la historia inicial de los galeses en esa provincia y, acerca del primer encuentro con los indios y posterior trato con ellos, expresó: “Se hizo una reunión y se planteó la pregunta: ‘¿Cómo trataremos a estos indios?’ [...] Alguien sugirió la destrucción del grupo indígena, a fin de que el resto de la tribu no descubriera la existencia de la colonia. Esta propuesta halló el desprecio que merecía. Se sugirió otra solución, que fue aceptada: ‘Tratar a los indios como nos tratamos unos a otros, y aun extenderles, como hacemos con los niños, la indulgencia que se debe a la ignorancia’. Esta fue sustancialmente la decisión que se tomó y así se obró. Es digna de recordar y debería ser escrita con letras de oro en la historia de la colonización. Fue, al mismo tiempo, cuerda y magnánima. Ni siquiera la Colonia Cuáquera de Pensilvania pudo superarla. [...] Nunca hubo una política más imbécil o corta de visión que la de procurar el avance de la civilización mediante la destrucción despiadada de los nativos” (William Casnodyn Rhys, La Patagonia que canta. Memorias de la colonización galesa [Buenos Aires: Emecé, 2000], 77-78). Para profundizar el tema, véase también: Bernabé Martínez Ruiz, La colonización galesa en el valle del Chubut [Buenos Aires: Galerna, 1977]; Virgilio Zampini, Chubut. Breve historia de una provincia argentina [Gaiman, Chubut: El Regional, 1979]; Arnoldo Canclini, “¿Por qué vinieron los galeses?”, Todo es Historia XV, 169 [junio 1981], 69-75; Jorge Oriola, “Trevelin a cien años de la Colonia 16 de octubre”, Todo es Historia XVIII, 227 (marzo 1986), 39-44.

 

23 Ricardo Quirno Lavalle, ibíd., 1602

 

24 Esta conducta puritana no era la práctica corriente entre los habitantes de la campaña bonaerense. Emeric Essex Vidal sostiene que era habitual que las mujeres, incluso casadas y sus hijas, aunque fueran menores, “sirven para consolar a los que no lo son [casados]. Están tan lejos las mujeres de sentir escrúpulos en este sentido, que es dudoso que ninguna de ellas conserve su virginidad hasta después de los ocho años de edad. Es natural suponer que la mayor parte de las mujeres a quienes se tiene por españolas, y que viven en el campo entre los pastores, gozan de idéntica libertad, y a menudo se ve que la familia entera duerme en la misma habitación” (Ibíd.,124).

 

25 Ramón Lara, fuerte estanciero en el partido de Magdalena y quien luego será el fundador de la hoy ciudad de Dolores. Véase Atilio Roncoroni, El capitán Ramón Lara, fundador y primer ciudadano de Dolores (La Plata: d/e, 1968).

 

26 Véase Rómulo Muñiz, Los indios pampas (Buenos Aires: Editorial Bragado, 1966), 113; Ánjel Justiniano Carranza, La Revolución del 39 en el sur de Buenos Aires (Buenos Aires, 1919), 311.

 

27 Juan Cornell,De los hechos de armas con los indios. Informe solicitado por el Ministro de Guerra y Marina General Don Juan Andrés Gelly y Obes (1864). AGN, Sala VII, donación Biedma, leg. 8.3.11, letra Con-Cor, signatura 824, tomo 13.

 

28 Véase AGN. Sala VII, Documentación donada y adquirida, leg. 10.4.14.

 

29 Otros historiadores sostienen que Molina siempre guardó respeto por D. Francisco Hermógenes y por su hijo Matías. Rosas, sabedor de esto, receló de Molina, y lo mandó envenenar cuando se retiró a Tandil. Véase Diego Abad de Santillán, Gran enciclopedia argentina, t. V (Buenos Aires: Ediar Soc. Anón. Editores, 1959), 326. Ricardo Piccirilli, Francisco L. Romay y Leoncio Gianello, Diccionario histórico argentino, t. V (Buenos Aires: Ediciones históricas argentinas, 1954), 278-279..

 

30 Véase Gaceta de Buenos Aires 43 (15 de febrero de 1816).

 

31 Véase Gaceta de Buenos Aires 47 (16 de marzo de 1816).

 

32 Véase Ricardo Quirno Lavalle, ibíd., 1602.

 

33 Véase Gaceta Ministerial 99 (diciembre 1818).

 

34 Véase Gaceta Ministerial 112 (3 de marzo de 1819).

 

35 Roberto H. Marfany, “La guerra con los indios nómadas”, Historia de la Nación Argentina, t. 6, primera parte, cap. XI, pp. 731, 732. Buenos Aires: Academia Nacional de la Historia, 1947

 

36 Este informe es conocido con el nombre “Diario de un viaje a Salinas Grandes en los Campos del Sud de Buenos Aires”, publicado originalmente por Pedro de Ángelis en el tomo III de la Colección de Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las Provincias del Río de la Plata, Imprenta del Estado, 1836, y reeditado por EUDEBA en 1974.

 

37 Roberto H. Marfany, ibíd., 734.

 

38 Martha Celia Belfiori, “Indios mansos—Los Linares”, Congreso Nacional de Historia sobre la conquista del desierto(Gral. Roca, 6 al 10 de noviembre de 1979),t. I, 93. Buenos Aires: Academia Nacional de la Historia, 1980.

 

39 Este plan, se encuentra en el Archivo General de la Nación, Sala X, Período Nacional, Gobierno 8-1-2, pero permaneció inédito hasta que lo dio a conocer D. José María Pico, “Cuando los místicos van al desierto”, La Prensa (Buenos Aires, domingo 16 de marzo de 1986. Suplemento dominical, pp. 1-2). El autor de esta investigación tiene una fotocopia del original manuscrito.

 

40 Si bien en la ciencia histórica hay un principio general que expresa: “No debe especularse sobre lo que pudo haber sido y no fue”, estamos absolutamente convencidos de que si se hubiera prestado atención al “Plan” de Ramos Mejía, otra hubiera sido la historia y, sobre todo, no sólo se hubiera ahorrado sangre humana, sino que se podría haber capitalizado fuerza laboral útil. Además, probablemente diferente habría sido la distribución de la tierra y de los ingresos.

 

41 Véase Roberto H. Marfany, ibíd.,737-738; Oscar Ricardo Melli, “Década fecunda en el conocimiento y ocupación de la Pampa”, Investigaciones y Ensayos 30 (enero-junio 1981), 199. Buenos Aires: Academia Nacional de la Historia.

 

42 Véase Oscar Ricardo Melli, ibíd.,221-222. El Ing. José María Bustillo, ofrece una versión algo diferente acerca de esta comisión: “En diciembre de 1816, cinco meses después de la declaración de la Independencia en Tucumán, la urgencia de ejércitos hace imperiosa la tranquilidad de la campaña. Se nombra una Comisión de 16 hacendados. Se divide en 8 subcomisiones de dos miembros cada una. Rosas y Ramos Mejía constituyen una con la misión de entablar con las tribus vínculos amistosos”. Véase “Un estanciero doctrinario y original: Francisco Ramos Mejía”, Anales de la Sociedad Rural Argentina XCIII, 8 (agosto 1959), 313.

 

43 Campbell fue un irlandés católico que, con el grado de sargento, vino al Río de la Plata con las fuerzas del Brigadier William Carr Beresford, en tiempos de las Invasiones Inglesas (1806). Desertó, se trasladó a Corrientes en donde trabajó como curtidor. Luego se involucró en las disputas internas como partidario de Artigas, Andresito y Estanislao López. Tuvo una participación decisiva en el triunfo de Cepeda (1820). Cuando Artigas fue vencido por Francisco Ramírez, se asiló en Paraguay. Retomó el oficio de curtidor y falleció en Nembecú en 1832. Véase Piccirilli, Romay y Gianello, Diccionario histórico argentino, t. II (Buenos Aires: Ediciones históricas argentinas, 1954), 82-83.

 

44 Esta convención, estipulada entre la Provincia de Buenos Aires y 16 caciques de la frontera sur de la misma, es conocida también como Tratado de Paz y Amistad de Miraflores, por haberse firmado en esa estancia o simplemente Tratado de Ramos Mejía. Consta de 10 artículos y fue publicado por la Gaceta de Buenos Aires, N° 167, del miércoles 12 de abril de 1820. (AGN. División Gobierno Nacional. Indios. Partes de combate. Tratados de Paz. Fronteras 1818-1858, 27-7-6).

 

45 Los vorogas o voroganos (voro = huesos y hue = lugar, o sea lugar de los huesos humanos o gente del lugar de los huesos), también boroganos, se trata de una tribu originaria de Boroa o Vorohué, en las proximidades de Temuco, Chile, parcialidad de los mapuches, defensores de los realistas, por lo tanto enemigos de los araucanos que apoyaron la revolución. Los voroganos se instalaron en las Salinas Grandes entre 1818 y 1820. Los caciques más destacados fueron Pablo, Cañuquir y Mariano Rondeau. Calvucurá cruzó la Cordillera hacia 1834. Era sabida su enemistad con los vorogas, se supone por viejos resentimientos tribales. Juan Manuel de Rosas lo atrae como aliado. Calvucurá, fingiendo comerciar con los vorogas, se acercó a sus toldos levantados en las proximidades de la laguna de Masallé (al oeste de las Salinas Grandes). El 4 de septiembre de 1834 los sorprende descuidados y se produce una feroz matanza incluyendo a Rondeau. Se sugiere que Rosas lo estimuló a cometer ese genocidio. Véase Alberto Sarramone, ibíd.,142-143; Carlos Martínez Sarasola, ibíd.,107-111;Silvia Ratto, “Conflictos y armonías en la frontera bonaerense, 1834-1840”, Entrepasados VI, 11 (1996), 21-34.

 

46 José Miguel Carrera (1785-1821), aristócrata militar y patriota chileno, fue uno de los jefes de la revolución contra el gobierno español entre 1811 y 1814. El 12 de octubre de 1814 los realistas derrotaron a los patriotas chilenos en Rancagua y éstos emigraron a Mendoza. José Miguel Carrera y sus hermanos Javiera (1781-1862), Juan José (1782-1818) y Luis (1791-1818), enemistados con Bernardo O’Higgins, intentaron organizar la reconquista de Chile desde Argentina. La amistad de O’Higgins con San Martín y Pueyrredón también los malquistó con ellos. Javiera y sus hermanos menores urdieron (1817) un plan para tomar el poder en Chile. José Miguel, desde Montevideo preparaba también su regreso. Luis salió de Bs. As. en junio vía Córdoba-Mendoza, y Juan José el 8 de agosto camino de San Luis. El plan fracasó rotundamente. Luis cayó prisionero el 5 de agosto y Juan José el 20, en Mendoza y San Luis respectivamente. Acusados de intento de asesinato contra O’Higgins y San Martín, estuvieron presos seis meses y fueron fusilados el 8 de abril de 1818, cuando se descubrió un complot para liberarlos. José Miguel salió de Montevideo en 1819, para concretar sus planes, primero se alió con el caudillo entrerriano Francisco Ramírez y con el santafesino Estanislao López con quienes participó en el triunfo de Cepeda el 1° de febrero de 1820, entrando en Bs. As. al caer el régimen directorial. Alejado de los caudillos litoraleños, se alió con varias tribus enemigas de Bs. As. y, para financiar su plan, decidió robar hacienda. Si bien no consintió el saqueo y las muertes, no pudo evitar que los indios lo hicieran. Cuando intentó pasar a Chile, fue derrotado y tomado prisionero en Punta del Médano, San Luis, el 31 de agosto de 1821, por el Cnel. mendocino José Albino Gutiérrez quien lo remitió a Mendoza. Se le hizo juicio sumarísimo y fue fusilado el 4 de septiembre, en el mismo lugar que sus hermanos (V. Piccirilli,Romay y Gianello, “Carrera, José Miguel”, Diccionario histórico Argentino, t. II, 190-193; Jacinto R. Yaben, Biografías argentinas y sudamericanas t. II (Buenos Aires: Ediciones Históricas Argentinas, 1953), 680-683. Sobre el papel protagónico de Javiera Carrera, véase Adriana Micale, “Javiera Carrera: la mujer que dividió un país”, Todo es Historia XXXI, 360 (julio 1997), 8-32. Micale cita numerosos documentos y bibliografía actualizada.

 

47 Gobernador provisorio desde el 26 de septiembre de 1820 y confirmado por la Junta de Representantes el 3 de abril de 1821.

 

48 Martín Rodríguez acusaba a Ramos y a sus indios de pasarle información a los malones para que se lanzaran sobre las haciendas del sur (Véase AGN, Sala VII, 10.4.13).

 

49 Álvaro Barros,Fronteras y territorios federales de las Pampas del Sur (Buenos Aires: Librería Hachette, 1957), 161. El Comandante Juan Cornell, topógrafo y experto en temas de la frontera, también consideró que esta expedición de Rodríguez y lo actuado contra Ramos Mejía fue un gravísimo error con consecuencias nefastas para el futuro de las relaciones con el indio. (Véase Memorias del Comandante Cornell. Campañas contra los indios.AGN, VII, 8-3-5, Colección Biedma, Biografías, letra C, t. 13). Estas memorias fueron publicadas completas, por primera vez, por el Sr. Julio Arturo Benencia, “El Sargento Mayor Juan Cornell, soldado del desierto. Su notable memoria”, Congreso Nacional de Historia sobre la Conquista del Desierto (Gral. Roca, 6 al 10 de noviembre de 1979), t. I (Buenos Aires: Academia Nacional de la Historia, 1980), 101-119. En 1995, el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Luján y el Instituto de Estudios HistóricoSociales de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Tandil), hicieron una nueva publicación, más prolija, de estas memorias, escritas en 1864, con estudio preliminar y notas de Beatriz Goldwasser y Oreste Carlos Cansanello, con la siguiente identificación: Sargento Mayor Juan Cornell, ...De los hechos de armas con los indios. Informe solicitado por el Ministro de Guerra y Marina General Don Juan Andrés Gelly y Obes [1864] (Buenos Aires, 1995).