HISTORIA de JOSE LUIS MOLINA - el guacho

 

Capataz General de FHRM en su fundación de la Estancia "Miraflores"

 

Apuntes y comentarios publicados

 

"La vida gaucha que acompaña a Francisco Hermógenes Ramos Mexía (Mejía) en su fundación de la Estancia Miraflores (1811), se vio enriquecida por su capataz general Don José Luís Molina.  Varios historiadores dejaron constancia de la lealtad de ciertos personajes ilustres, olvidados por la historia oficial Argentina y que retratan el accionar de una religiosidad pacifista, trabajadora y honesta, confrontada con el enojo vengativo y sus nefastas consecuencias.  Enojo que en el caso de Molina no se justifica, pero que muestra su causa en la intolerancia y la falta de palabra del gobierno de aquella época.  Error que el Presidente Bernardino Rivadavia supo reconocer con el indulto a Molina el 4 de julio de 1826, y su retorno al servicio de la patria. 

 

Jose Luis Molina comenzó su obra destacada en la conquista pacífica del desierto pampeano, de la mano de Ramos Mejía quien lo formó en una fe religiosa diferente a su época.  En cambio, rodeado de circunstancias violentas y de injusticias contra su admirado patrón de Miraflores, Molina eligió la violencia como camino de reivindicación, olvidando la espiritualidad genuinamente cristiana de su patrón, quien creyó y enseñó a sus peones aborígenes el "no matarás".   Con la muerte de "Don Pancho" y la elección final del gaucho Molina, lo que pudo enriquecer a la Argentina, desapareció con ellos." (Lic. Darío Bruno)


 

El gaucho Molina, héroe de la batalla de Carmen de Patagones

Hombre de pasado incierto, algunos sostienen que José Luis Molina había pertenecido al Regimiento de Granaderos y otros, que estuvo en Mendoza y participó en el Cruce de los Andes. Quién sabe. Quizás sean mitos para agregar épica a su historia.

Por Omar Lopez Mato - 29 de junio de 2022 - Fuente: https://historiahoy.com.ar/el-gaucho-molina-heroe-la-batalla-carmen-patagones-n3438/

 

La primera noticia cierta que se tiene del gaucho José Luis Molina llegó hacia 1820, cuando se desempeñaba como capataz de la estancia Miraflores de don Francisco Ramos Mejía, tierra que éste le había comprado a los Pampas. Setenta leguas tenía esta estancia de don Pancho, ubicada al sur del Salado, por las que había pagado un precio justo. Hombre adelantado a su tiempo, don Pancho no le hacía la guerra a los pobladores sino que los ganaba compartiendo trabajo y comida. Les enseñó a sembrar, a trabajar la hacienda y respetar sus normas, que eran conocidas como “la Ley de Ramos”.

 

José Luís Molina (ilustrativa)

 

Ramos Mejía y sus creencias

 

Manuel Belgrano le había regalado el libro del milenarista jesuita Manuel Lacunza, inspirando en don Pancho la idea de una próxima venida de Cristo. Ramos Mejía hacía su propia interpretación de los textos bíblicos como le había enseñado su abuela escocesa. Era su costumbre consagrar matrimonios y repartir el pan con sus manos en las fiestas. Pronto se dijo que don Pancho incurría en herejías. El gobernador Martín Rodríguez, por entonces en guerra con la población originaria del lugar, desconfiaba de los hábitos pacifistas de don Pancho. Dejándose llevar por los rumores, el gobernador le ordenó que se presentase en Buenos Aires y apresó a los pampas que trabajaban en Miraflores. Molina se puso a salvo pero fue testigo de la matanza. Los hombres de Martín Rodríguez degollaron a los ochenta pampas que habían apresado, a la vez que llevaban a su patrón esposado a la Capital, acusado de hereje y de “incitar a los salvajes”.

 

La venganza pampa

 

La frontera se incendió. Mil quinientos pobladores, encabezados por Molina, atacaron Dolores y la redujeron a cenizas. De regreso a las tolderías se alzaron con 140.000 cabezas de ganado. Al poco tiempo, atacaron Pergamino y se llevaron a las mujeres del pueblo que se escondieron en la Iglesia. Toda la tierra al Sur del Salado fue arrasada por malones en retaliación por los asesinatos de Miraflores.

Después de la muerte del cacique Ancafilú en el Combate de Arazá, los pampas empezaron a desconfiar de Molina; al igual que había traicionado a los cristianos, ahora él les era desleal. Molina se vio obligado a huir y sin tener donde esconderse se entregó al comandante Juan Cornell, un testigo privilegiado de las guerras, cuyos recuerdos volcaría años más tarde en sus memorias. En el fuerte “Independencia”, Molina estuvo preso hasta que el presidente Rivadavia lo indultó. No solo le concedió la libertad sino que lo nombró baqueano en la división del coronel Rauch. Pocos como Molina conocían el desierto y las tolderías. Gracias a sus servicios, se rescataron 300 cautivas, muchas de ellas capturadas durante sus correrías con los pampas. Cuando la flota brasileña atacó Carmen de Patagones, Molina había sido destinado al lugar. Sin dudarlo, se convirtió en el núcleo de la resistencia. Frente a un puñado de hombres, incendió los pastizales que rodeaban al Fuerte, bloqueando el paso de los invasores. Abatidos por el fuego y las balas los imperiales debieron retroceder y huir en sus naves. Corría marzo de 1827.

 

Un traidor convertido en héroe

 

En 1830, Molina peleó contra Lavalle por más que los hijos de su antiguo patrón se habían unido a los Libres del Sur. Por sus servicios distinguidos, Rosas lo nombró coronel del fuerte “Independencia”. Murió en Tandil pocos meses más tarde. Algunas versiones dicen que su muerte fue ordenada por el propio Restaurador. Lo cierto es que fue enterrado en Chascomús donde Prudencio Rosas le rindió honores fúnebres. Esta es la historia de un hombre acosado por las circunstancias en tiempos difíciles, en un lugar donde las lealtades cambian al ritmo de los excesos y las venganzas que asolaban las tierras al Sur del Salado.

 

OTRA FUENTE 2022:  https://tn.com.ar/opinion/2021/03/13/el-gaucho-molina-heroe-de-la-batalla-de-carmen-de-patagones/ (Telefe Noticias)

 


 

FUENTE 2022:  http://www.revisionistas.com.ar/?p=11124

 

José Luis Molina 

José Luis Molina y sus gauchos

- Sin autor publicado -

 

Capitán de baquianos de la división del coronel Rauch, célebre por su actuación en la defensa de Carmen de Patagones.  Se ha dicho que en sus años juveniles fue soldado del famoso Regimiento de Granaderos a Caballo, pero el historiador José Juan Biedma dice que por más búsquedas que ha efectuado en las listas de revista de aquel cuerpo, no ha podido encontrar su nombre.  Lo que está plenamente comprobado es que en 1820 era capataz de estancia de “Miraflores”, propiedad de Francisco Ramos Mejía en el sur de la provincia de Buenos Aires.  En 1821, cuando el gobernador general Rodríguez, emprendió su primera expedición contra los salvajes con el propósito de avanzar en esa dirección la línea de fronteras, Ramos Mejía le aconsejó tratar previamente con las tribus avecindadas a su estancia, que obedecían a los caciques Ancafilú, Pichuiman, Antonio Grande y Landao, para asegurarse su cooperación o por lo menos su neutralidad en la empresa.  Rodríguez no solamente desoyó el consejo, sino que desconfiando de Ramos Mejía, le sometió a prisión, remitiéndolo con su familia a Buenos Aires.  Molina escapó con dos peones más y se refugió entre la indiada, recibiendo hospitalidad en cambio del auxilio de su brazo y de sus conocimientos topográficos de la Pampa.  Se ganó la confianza de los indios, contrayendo enlace con una de sus mujeres, imponiéndose finalmente como caudillo y liderando desde entonces todas las invasiones que asolaron las zonas Oeste y Sur de Buenos Aires.

 

El 4 de abril de 1821, a poco de haberse retirado Rodríguez, por haber fracasado en la empresa, al frente de 1.500 indios se atacó la naciente población de Dolores.  A su regreso la indiada se fraccionó, entrando unos por el Salado, otros por los montes del Tordillo y Monsalvo, arrebatando ganados y todo lo que hallaban a su paso.  Más de 140.000 cabezas fueron tomadas en esta barrida.  Dos meses después repitieron la incursión, llegando hasta Pergamino.  En el mes de noviembre de 1825 Molina invadió la zona adyacente al Salado, capitaneando las tribus de Ancafilú y Pichuimán.  Los húsares y dragones comandados por Andrés Morel y Anacleto Medina, respectivamente, lo esperaron a su regreso en el lugar denominado “Arazá” y en la refriega que allí se produjo, pereció Ancafilú logrando salvarse Molina gracias a la rapidez de su caballo, internándose en el desierto.  Los indios lo acusaron de traidor y de ser responsable de la muerte de su cacique y en represalia dieron muerte a uno de los dos peones con los cuales huyera de la estancia “Miraflores” y se disponían a tomar las mismas medidas contra Molina, pero éste huyó venciendo todas las dificultades que se disponían a su salvación, y pidió protección al comandante Juan Cornell, estacionado a la sazón en Kaquel Huincul (actual Partido de Maipú).  Cornell hizo conducir a Molina al fuerte “Independencia”, bien escoltado, donde debía esperar la solicitud de indulto que se había elevado al gobierno nacional, que había apoyado Juan Andrés Gelly.  El presidente Rivadavia dictó el 4 de julio de 1826 un decreto concediendo para José Luis Molina y su familia el indulto solicitado, en atención a haberse presentado voluntariamente, pudiendo el indultado pasar a instalarse en el punto de la ciudad o campaña que más se fuese de su agrado.

 

Este indulto abrió nuevamente a Molina las puertas de la vida civilizada y el gobierno utilizó sus servicios, nombrándolo capitán de baquianos de la división del coronel Federico Rauch, que cubría la frontera Sur de la provincia de Buenos Aires.  Ejerciendo dicho cargo prestó servicios notables con mucho tino y sagacidad, conduciendo la expedición hasta las tolderías de los salvajes, tomando parte en la pelea y descollando por su valor.  Así se rescataron más de 300 mujeres y niños, que se repartieron en la ciudad de Buenos Aires y una cantidad considerable de ganado.

 

Cuando se produjo la invasión imperial por la zona del Río Negro, el capitán de baquianos Molina se encontraba en Carmen de Patagones a cargo de una partida de 22 hombres, en forma accidental.  Cuando el 6 de marzo desembarcaron los brasileños en la margen S. del Río Negro, al mando de James Shepherd, Molina se incorporó con su partida a la fuerza que mandaba el subteniente Sebastián Olivera, que sumaba 114 milicianos de caballería.  Mientras Olivera atacaba frontalmente a sus numerosos enemigos, Molina se había corrido a sus flancos y retaguardia con su pequeña fuerza y había puesto fuego a los grandes pajonales circundantes; esta circunstancia y la muerte del jefe de los brasileños, Shepherd, agregada a la de otros compañeros, determinó a los enemigos a rendirse a discreción, entregándose a Olivera, 13 oficiales y 288 hombres de tropa.  José Luis Molina tuvo importantísima intervención en este glorioso hecho de armas, que tuvo lugar el 7 de marzo de 1827, al mismo tiempo que los imperiales lanzaban otro ataque directamente sobre el puerto y pueblo de Patagones.

 

Dijo de él José Juan Biedma: “Allí estaba el alma de la resistencia.  Era un grupo de veintidós hombres mal armados, mal entrazados, peor amunicionados; y sin embargo, aquel pequeño obstáculo impedía que quinientos brasileros en perfecto orden de batalla se posesionaran de la plaza que ya tocaban.  El baqueano Molina preparábase con su partida de 22 hombres media oculta, a desbaratar por una astucia bien conocida el plan de los invasores… Molina, el baqueano Molina, el vencedor de los brasileros en Patagones, era el paisano de alta talla, de siniestro aspecto, de fisonomía sombría, de grande barba negra, con un poco de la crin de león en su melena y una mirada terrible pero encapotada…  Era el tipo de gaucho de nuestra pampa, aprisionado bajo el uniforme militar” (1).

 

Sobrevino la revolución del 1º de diciembre de 1828 y de ella surgió la guerra civil, en la que ya tuvo intervención destacada Juan Manuel de Rosas.  Molina se alistó a las filas del Restaurador, entre los más decididos.  Cumpliendo órdenes de Rosas, Molina tentó con una fuerte división, integrada también por indios, dirigirse a Santa Fe, donde se encontraba aquél acantonado, para reforzarlo, pero Molina fue alcanzado por la división del coronel Isidoro Suárez en la estancia de Las Palmitas, el 7 de febrero de 1829, a pocas leguas de Pergamino y derrotado, debió su salvación a la rapidez de su caballo, no habiendo tenido la misma suerte su segundo, el caudillo Manuel Mesa, el cual cayó prisionero y fue pasado por las armas el día 16 de febrero.

 

Molina continuó prestando leales servicios a Juan Manuel de Rosas, llegando a ostentar el grado de coronel de milicias, habiendo obtenido el 14 de diciembre de 1829 despachos de teniente coronel de caballería con grado de coronel, siendo antes sargento mayor de la misma arma.

 

En los últimos días de diciembre de 1830, el coronel Molina halló la muerte en Tandil, siendo conducido su cadáver a Chascomús, donde se le dio cristiana sepultura el 27 de diciembre del año 1830, bendiciendo sus restos el cura vicario local Francisco de Paula Robles.  Prudencio Ortiz de Rosas le hizo rendir los honores fúnebres correspondientes a su jerarquía.

Referencia

(1) Con fecha 12 de noviembre de 1829, Molina fue nombrado Jefe del Regimiento 7º de Milicias de Caballería de Campaña, de nueva creación.

 

Fuente

  • Biedma, José Juan – Crónica Histórica del Río Negro de Patagones (1774-1834).  Buenos Aires (1905).

  • Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

  • Portal www.revisionistas.com.ar

  • Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas, Buenos Aires (1939).

  • Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar


 

Patagones: el gaucho Molina aguarda un homenaje. La historia oficial no reconoce.

 

 

Por Raúl Díaz - 3 de diciembre de 2021

Fuente: https://www.masrionegro.com/2021/09/03/patagones-el-gaucho-molina-aguarda-un-homenaje-la-historia-oficial-no-lo-reconoce/

 

La historia oficial no reconoce en toda su dimensión la importancia y el protagonismo que le cupo al Gaucho José Luis Molina en la defensa del Fuerte de Patagones cuando sufrió el ataque del Imperio de Brasil, cuyas naves habían remontado el río Negro con el firme propósito de hacerse de una importante porción de nuestro territorio, nada menos que la Patagonia.

Se cree que Molina había nacido en Chascomús y aunque no hay certeza respecto a la fecha existen datos relacionados con trabajos de tropero y otras tareas vinculadas al campo y un reconocimiento por su desempeño como baqueano, un alto grado de responsabilidad y un profundo amor a su tierra.

Otras informaciones sobre Molina aseguran que mantenía una excelente relación con aborígenes de distintas tribus y se comunicaba en sus lenguas sin inconvenientes, manteniendo además  una gran amistad con los caciques Antonio Grande, Landao, Ancafilú y Pichiuman, inclusive que había formado pareja con la hija del cacique Neuquipan.

De acuerdo a las crónicas de aquella época, febrero de 1827, las autoridades del Fuerte estaban anoticiadas de las pretensiones brasileñas y habían alertado de esa situación y pedido los refuerzos del caso a las autoridades nacionales, pero como ha sido una constante en nuestra Patria los necesarios refuerzos o apoyos demoraron más de lo prudente.

Algunos historiadores y escritores tradicionalistas sostienen que solamente se dispuso que se dirija hacia Patagones, al Gaucho José Luis Molina y “sus tragas”, grupo de hombres a sus órdenes, que se ignora, en forma fehaciente porque se denominaban de tal manera. Hay quienes sostienen sin embargo al respecto, que se los conocía con tal denominación, porque al tener gran conocimiento del terreno en que se movían, lo hacían velozmente y prácticamente se “tragaban” las leguas en sus desplazamientos

El Gaucho Molina es un personaje controvertido de nuestra  historia, debido a que alterna en su conducta, buenas y malas o si se prefiere aceptación y rechazos de sus acciones y actitudes.

Su historial da cuenta que pudo haber integrado el Cuerpo de Granaderos a Caballo, dato que posiblemente surja por la descripción que lo señala como un hombre de altura considerable, buena talla, abundante y espesa barba negra, de mirada penetrante e intimidatoria.  Otros no descartan que haya también integrado las huestes de San Martín en el cruce de los Andes.  Se sabe si, que por 1820  por ser un excelente baqueano y conocer en profundidad las tareas rurales se desempeñó como capataz de la Estancia “Los Miraflores” perteneciente a Don Francisco Ramos Mejía en proximidades al río Salado.

Según historiadores, entre ellos Omar López Mato, en la Estancia de Ramos Mejía trabajaban muchos aborígenes  que habían aprendido a manejar rodeos  e incluso a sembrar, pero el gobernador de la provincia Martin Rodríguez, no creía ni respaldaba el acuerdo por lo que apresó al estanciero y un elevado número de aborígenes que luego asesino.

Molina logró salvar su pellejo y se puso al mando de un numeroso grupo de Pampas con los que se comunicaba sin inconvenientes porque hablaba su lengua perfectamente y pobladores conformando un malón de alrededor de 1.500 hombres con los que arraso la naciente ciudad de Dolores, llevándose cerca de 150.000 animales, entre vacas y caballos.

Poco tiempo después, los Pampas comenzaron a desconfiar de Molina creyendo que éste no les sería leal y que los traicionaría, como  consideraban, antes lo hizo con sus pares.

Al ver peligrar nuevamente su vida, Molina huyó hacia el Fuerte Independencia en Tandil y se entregó al comandante, el coronel Juan Cornell, quedando allí preso hasta que el Presidente Rivadavia lo indultó y también lo designo  baqueano en la división a las órdenes del coronel Rauch.  Dicha función Molina la cumplió  a la perfección, ya que conocía el terreno como la palma de su mano y se desempeñaba y desplazaba con total solvencia. ...

(continua la otra mitad del artículo en la fuente sitada)